La palabra pene deriva del latín penis, cuyo significado original consideraban los romanos que era “rabo”, y que servía como nombre genérico que englobaba los dos que poseen los animales machos, con preferencia por el posterior, en especial a propósito de los bueyes y caballos.
Los hombres piensan en el pene y también con él, una metáfora que se hizo realidad cuando se diseccionó la primera cabeza y se descubrió que tenían un pene en el cerebro: el llamado tercer ojo, glándula pineal o, técnicamente, epífisis, que en muchas culturas se considera la sede del alma. Pero también lo tienen las mujeres en su mente, así como entre las piernas, como bien sabían los antiguos, que hablaban del penis muliebris
De manera que de penis surgió el diminutivo peniculus, con el significado de “colita”, o más bien, “cepillo, escobilla”, y que por supuesto también servía como juego de palabras con “micropene”. A su vez, esta palabra produjo su propio diminutivo, penicillum, “brocha”, que en puridad no es sino una escobilla que sirve para decorar con primor las paredes y luego los lienzos, y que por tal razón solía elaborarse a partir de suaves crines en vez de burda pelambrera de rabo. El penicillum se corrompió en el latín vulgar como penicellum, que derivó en el francés peincel > pincel, del cual provienen el homónimo español y el inglés pencil. Pero el término original fue rescatado por la ciencia para denominar un hongo con un largo filamento piloso: el penicillium notatum, del cual se consigue la penicilina, que ya ven que etimológicamente significa “extracto de pene”
El equivalente griego de pesnis no es el falo, que hace referencia al pene enhiesto y poderoso, sino el vacilante peos, que se presume derivado de pehos < pesos. De él proceden una serie de neologismos que seguramente no han oído en su vida, pero que les invito a memorizar: peotomía, que es una variante de penectomía, “amputación del pene”; peodeictofilia, cuya definición técnica es “afición por mostrar el pene a extraños”, sea para provocarles sorpresa, miedo o risa, lo que se conoce por exhibicionismo; o la peotilomanía, que no es más que la costumbre de tocarse los huevos, o dicho de manera científica, “tic nervioso que consiste en tocarse el pene constantemente, pero sin intención de masturbarse”…. Existen neologismos:
postectomía, “corte del prepucio”, que no es sino la circuncisión o la operación de fimosis, postitis, “inflamación del prepucio”, y apostia, “falta congénita de prepucio”. A su vez, prepucio viene del latín praeputium, cuyo origen no está claro. Para unos sería un compuesto de la preposición latina prae “delante de” y del griego posthion con el sentido de “pene”, deformado en praepottium > praeputium por influjo de putus, “muchacho”, palabra que ya vimos al hablar de las putas; de manera que el prepucio sería lo que está delante del pene, es decir, el akroposthion griego. Sin embargo, otros derivan putium del verbo putare, “pensar”, pero cuyo significado original era “cortar, limpiar”; así que praeputium significaría “antes de la limpieza [del pene]”, tanto ritual como médica, que era lo que se pretendía al cortar el prepucio. Mientras que otros, finalmente, derivan putium de otra raíz indoeuropea paut-, que significa “pene”, pero también “vulva” y “ano”… pero esa raíz (PS: pissar) no fructificó por considerarse obscena y demasiado explícita, y se sustituyó por el más disimulado hacer pis. Pero se conservó la pissa, el instrumento que sirve para tal fin, que en algunas regiones evolucionó a pixa > pija, y en otras a pisha > picha.
El plural de penis es penes, que en la falocracia romana, cuya sociedad se basaba en el poder omnímodo del pater familias, también funcionaba como preposición con el sentido paternalista y aun machista de “en poder de, en manos de, perteneciente a”. Pero en realidad estamos ante una confusión de palabras homónimas, puesto que este penes no procedía de los penes, sino de los padres, a través de una raíz pa- o pe- que significaría “proteger, dominar”, y también “alimentar, sostener”. Los padres acogían en su casa a sus hijos, esposa y nueras, a fin de darles protección y sustento, al tiempo que afianzar su dominio sobre ellos. De ahí que naciera el sustantivo penus con el sentido de “víveres, provisiones”, que como solían guardarse en una despensa situada en un lugar recóndito de la vivienda, pasó a adquirir el sentido de “interior de la casa”, y por extensión, el hogar e incluso la patria, y todos cuantos en ella moraban. Así, la protección y bienestar del hogar y la familia, incluido el pater familias, se encomendaba a los Penates, los dioses del penus, a quienes se consagraba un santuario situado en la parte más profunda de éste. De igual manera, de penus nació también el adverbio penitus, “muy adentro, profundamente”. En latín, los adverbios de lugar suelen diferenciar entre el sufijo -itus, que da un sentido estático, y -tro o -tra, que indica movimiento: por ejemplo, junto a intus, “en el interior”, tenemos intro, “al interior”, del cual nació intrare “entrar, ir o llevar al interior”; y del mismo modo, junto a penitus, “en lo profundo”, habría existido un supuesto penitro o penitra “hasta lo profundo”, que habría dado lugar a penitrare o penetrare > penetrar, “internarse profundamente”. En un principio, penetrar hacía referencia a llegar al interior de un espacio o a través de cualquier entrada, por muy ancha que ésta fuese. Pero al llegar a las profundidades de la tierra o de un cuerpo la materia es más densa, las paredes se comprimen, y el objeto penetrante necesita una forma afilada y un gran impulso para seguir avanzando: de ahí que el significado se ampliara a introducirse por un conducto estrecho e incluso microscópico, como los poros de un tejido o piel. Sentimos cómo penetra el calor en nuestra piel, y en nuestra mente el deseo de sentir la penetración hasta que llegue al penetralis, “lo íntimo, profundo”, de donde vienen los penetrales, la parte más recóndita de una casa, y por extensión, del corazón o de otro rincón del cuerpo, y luego de cualquier cosa. Y en última instancia ambas pieles en contacto podrán compenetrarse, porque aunque una no penetre en la otra sí lo harán el sudor y demás fluidos, que fluirán por los poros hasta influirse mutuamente, y poder adoptar así la misma postura
Leer todo en http://depalabra.wordpress.com/2007/04/03/pene/
Sandra Ramos ha trabajado en un artículo [Habis 36 (2005), 407-421] sobre el origen etimológico de los “testiculi”, y más en concreto sobre su uso erótico-jocoso en el “Testamentum Porcelli” (anónimo del s. IV d.C.). En dicho texto el lechón lega al cocinero-matarife su POPIA et PISTILLVM (=”cucharón” y “maza o majadero del mortero”), que, siguiendo con el tono cómico del testamento, se refiere a sus “testículos y su pene”, en la misma línea del “Testamentum domini asini” del s. XIII donde el asno lega a las viudas su “priapum… una cum testiculis”.
>>El nombre más antiguo para designar los testículos en latín es quizá “colei”, relacionado con “culeus” (“odre”). “Testes”, plural de “testis”=“testigo”, ejemplifica la tendencia a personificar el órgano masculino o sus partes (cf. gr. parastátee”, propiamente, “asistente”, “compañero de armas”). La formación de “testis” era explicada por los propios romanos como “qui tertius stat”, es decir, el que asistía en un litigio como un tercer elemento entre dos en discordia. El origen sería pues *ter-st-is (cf. E. Pingarrón, “Étimos latinos”, p. 255).
Según Antonio D. Tursi (http://www.salvador.edu.ar/ua1-4-iusro.htm) el “testigo” (“testis”) era alguien de conocimiento por al menos una de las partes. La etimología que acerca “testis” a testiculi “testículos” no puede sostenerse y solo aparecen los dos términos vinculados en Plauto, comediógrafo del siglo III-II a.C., que hace un juego de palabras con sus sonidos parecidos.
>El derivado “testiculus”, diminutivo para Adams, sin valor diminutivo para André, está especializado en sentido anatómico, por lo que aparece especialmente en la prosa científica.
>>Otras denominaciones para esta parte del cuerpo son: “nefrendes, nefrones, nebrundines” (por la semejanza en forma y por su pareja con los riñones); “proles”, eufemismo según ARNOB. nat. 7, 24; “polimina”, que Arnobio cita en el mismo pasaje que el anterior, se aplicaba estrictamente a los testículos del cerdo (cf. et PAVL.FEST. p. 267.9: “pulimenta testiculi porcorum dicuntur”), de etimología no muy clara, pero se relaciona con “pol(l)ire” (“jugar a la pelota”), o bien con gr. “pálla” (“pelota”), gr. “pálloo” y quizá “pello”.
>>Adams cita un grupo de términos para referirse al órgano sexual masculino relacionados con “tools, implements, vessels” . Entre ellos menciona “uas” (lit. “recipiente, vasija” con dos asas) referido a los testículos en PLAVT. Poen. 863. Es muy posible, pues, que el “POPIA” del “Testamentum porcelli” esté en esta línea de utensilios o recipientes culinarios que se refieren por su semejanza a los órganos sexuales.
>Chistosa la historia, pero según entiendo la palabra “testigo” viene del antiguo ibero “testiguar”, el cual viene del latín “testificare”, y “testificare” está compuesto de “testis” (testigo) y “facere” (hacer). No sé porqué el ibero no tomó “testigo” directamente de “testis”. Por otro lado, “testículo” viene de “testiculus” compuesto de “testis” (testigo) y el sufijo “-culus” que es usado para el diminutivo. Así que los “testículos” son los “pequeños testigos
http://boards4.melodysoft.com/app?ID=srmplinio&msg=24&DOC=61
Nota: ahora hay un “pérfume” llamado vulva. Leer en http://www.eldivanrojo.com/2008/03/el-olor-de-la-vulva-ahora-en-locin.html
http://javimoya.com/blog/2006/04/27/curiosidades-cientificas-y-alguna-etimologica/
http://es.wikipedia.org/wiki/Lenguaje_soez_en_lat%C3%ADn
http://www.slideshare.net/carloscastroc/las-redes-sociales-el-poder-de-la-palabra
La última vez que estuve dentro de una mujer fue cuando visité la estatua de la Libertad. Woody Allen. Es probable que ningún cómico, salvo Groucho, haya sido tan citado como Woody Allen. Graham McCann
ES CUALKIERAA NI AI LEO TODO ESO !
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