EL MODERNO ENCANTO DEL SEXO PROFANO (Anexo: asuntos varios sobre el amor)

Con el sida acechando entre las sábanas y modalidades antes inimaginables como el cibersexo, el contacto sexual en el Siglo XXI en poco se parece al de otras épocas. Según expertos consultados, el instinto es el mismo pero la búsqueda del placer, mucho más intensa.

Hoy se cuenta, además, con más datos sobre los beneficios de una sexualidad a pleno. Eso ocurre porque el tema ya no es sólo privativo de ginecólogos, andrólogos y sexólogos. Hoy se aborda integralmente bajo la atenta mirada de una nueva disciplina: “la ciencia del amor”.

Giovanni Carrada y Emmanuele Jannini, italianos y formados en biología y sexología, resumieron así el enfoque en el libro que lleva justamente ese nombre: “Gracias a los progresos científicos en los últimos años, el estudio de la sexualidad se pudo ampliar a campos diversos como anatomía, biología, fisiología, embriología, neurología, psicología, etología (comportamiento) y antropología. Y en cada uno de ellos hay resultados fascinantes”.

Por desgracia en esto de hacer el amor ocurre lo mismo que con casi todas las cosas del ser humano. No hay reglas fijas y lo que vale para uno no sirve para los demás. Incluso lo que hoy nos va de perlas a nosotros mismos, mañana puede que no nos siente tan bien.
Dejemos que los protagonistas sean quienes opinen. En 1988 se realizó una encuesta entre 1.294 deportistas profesionales de varios países sobre el asunto. El 21% estaba seguro de que el sexo antes de una competición perjudica el rendimiento. El 16% declaró que ocurría todo lo contrario: lo incrementaba, mientras que la mayoría, el 61% aseguró que hacer el amor o no antes de la competición no influía para nada en la misma.
Un estudio realizado en la Clínica Universitaria de Ginebra por los cardiólogos Juan Sztajzel y Michel Periat aporta unas gotas de ciencia al debate. Cogieron a 16 atletas, quienes debían tener relaciones sexuales antes de una prueba deportiva. Los resultados arrojan que cuando el sexo tenía lugar 10 horas antes de la prueba, no ejercía ninguna influencia. A medida que disminuía el intervalo, disminuían las prestaciones en deportes de resistencia. Para actividades explosivas, como carreras de velocidad o levantadores de alteras, la cosa fue diferente. Estos no veían perjudicado su rendimiento, incluso si hacían sexo poco antes de la prueba deportiva.
Volviendo a la pregunta del millón, debo decir que desde el punto de vista fisiológico, el sexo es actividad física y toda actividad física estimula los sistemas cardiovascular y nervioso, además de hacernos mover la musculatura (en algunos casos muy pocos músculos, pero en otros prácticamente todos). Existen teorías que, además, aseguran que el sexo refuerza el sistema inmunitario. El orgasmo es uno de los más potentes liberadores naturales de tensión que existen. Tras él se reducen las tensiones negativas, se alcanza el relax y, aunque no sea permanente, se alcanza un estado emocional de equilibrio y satisfacción.
Con respecto al gasto energético, la cosa no es para tanto. La cantidad de energía que se pierde durante una relación sexual vigorosa, (atención, digo vigorosa, nada de postura del misionero y a verlas venir) es, como mucho, de 2 kilocalorías por minuto.
Si combinamos esta cifra con el tiempo que dedicamos al amor obtendremos nuestro gasto energético. Según el estudio realizado por la Asociación Española para la Salud Sexual, los españoles dedicamos una media de 22 minutos en cada relación sexual. Combinado este dato con el obtenido por la encuesta Durex, de ellos 21,5 minutos los empleamos en los prolegómenos, empleando sólo 30 segundos en el acto propiamente dicho. Es decir, medio minuto de actividad digamos, intensa. He intentado rebañar algo más. Aunque ni por esas.
Lo más que he encontrado es otra encuesta: ‘El español ante el sexo’, de la Federación Española de Sociedades de Sexología, donde se señala que el 51% de los españoles aseguran hacer el amor dos o tres veces por semana (¿se tiran un poco el rollo? ¿qué pensáis?) de manera que, redondeando, pueden alcanzar el cielo unas 123 veces al año.
Es decir, que gastamos 61,5 kilocalorías al año en hacer el amor. Si comparamos este gasto con el de otros deportes veremos los resultados. Para un individuo de 70 kilos practicar baloncesto durante 1 minuto le supone un gasto de 10 kilocalorías; caminar en ciudad, 6; esquiar, 10; jugar al fútbol, 12; nadar, 15; correr a ritmo, entre 15 y 20; hacer gimnasia, entre 12 y 20; squash, 14 y bicicleta todoterreno, entre 12 y 18.

O sea, que desde el punto de vista del gasto energético, hacer el amor no nos supone prácticamente nada. Lo cual no quiere decir que empleemos el tiempo que dedicamos a tan saludable costumbre en otra cosa, ni que lo practiquemos con ahínco suicida. Vale con que sigamos a nuestro ritmo y, luego o antes, hagamos un rato de deporte. ¿Qué se sabe? Por ejemplo, que durante el beso unas 40 mil bacterias pasan de una boca a otra y que la mayoría de ellas son inofensivas porque la saliva contiene sustancias desinfectantes. En el acto de besar, además, se mueven 30 músculos faciales. En “Lo que a Fleming nunca le preguntaron”, el médico alemán Jürgen Brater, agrega otros datos: besar con constancia activa la circulación sanguínea y mejora la autoestima. Y más: quienes besan con cierta periodicidad sufren menos enfermedades. Eso se debería a secreciones hormonales que funcionan como analgésicos y además fortalecen las defensas del organismo (Ver 10 PyR”).

Otras revelaciones tienen que ver con viejas dudas instaladas desde que Adán le guiñó un ojo a Eva. ¿Puede haber sexo sin amor? Investigadores de la Universidad estatal de Nueva York probaron lo que muchos sólo intuían: el sexo y el amor pueden ocurrir juntos pero no son lo mismo. “Nuestras conclusiones muestran que las áreas del cerebro activadas cuando los sujetos miran una foto de la persona amada se sobreponen sólo parcialmente con las regiones vinculadas a la excitación sexual”, indicó Arthur Aron cuando presentó su estudio, basado en el seguimiento de 17 parejas enamoradas. Así demostró que: “El sexo y el amor romántico involucran sistemas del cerebro diferentes”. Es decir que una cosa es el sexo, y otra —muy distinta— el amor.

La posibilidad de hacer esta afirmación tiene que ver con el uso de nuevas metodologías de estudio en cuestiones sexuales. “Las imágenes por resonancia revolucionaron la manera de estudiar el cerebro y la conducta. Pero debemos ser cautos porque sólo proveen de una asociación entre una área cerebral y una conducta o proceso cognitivo”, advierte Facundo Manes, director del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro y del Instituto de Neurociencia Cognitiva.

A “la ciencia del amor” también le importa saber si es posible medir algunos rangos de la pasión. Elaine Hatfield, de la Universidad de Minnesota, estudió durante 15 años los mecanismos de ese intenso deseo de unirse con el otro. Así logró elaborar una curiosa Escala del Amor Apasionado (EAA). Con ella se pueden medir emociones y sentimientos en grados de unión y intensidad.

En medio de estas afirmaciones científicas, se cuelan las influencias culturales de la época (Ver “Ultima…”), que obviamente tienen tanto o mayor peso que lo fisiológico. “El sexo apunta ahora a la “erectología”, a la urgencia por lograr orgasmos. ¿Estamos asistiendo a una deshumanización del erotismo? Porque la sexualidad es también piel, mirada, olores, tacto, voz, seducción. El peligro ante esto es que la tecnología haga desaparecer lo más rico del ser humano”, apuntó la sexóloga Diana Resnicoff.

“Pero estamos muy bien en esta época. Tenemos un sexo más libre, menos trabado. Y esa mayor libertad trajo menos problemas de los que se podrían haber imaginado. Tenemos más sexo que antes y lo disfrutamos más. Creo que esto último es clave: se tiene más sexo por placer que por otras cosas”, reflexionó otro sexólogo argentino, León Gindín.

“Muchos creen que sobre la sexualidad en este siglo ya está todo dicho y superado. Sin embargo, no podemos dejar de percibir al ser humano de hoy aislado, solo, en un encierro narcisístico que lo aleja de un vínculo relacional que se hace tan precario como necesario”, escribió Jose Abadi en “El sexo del nuevo siglo”. A falta de conclusiones finales, buenos son los instintos.

Anexo

Se puede hacer cálculos yendo a http://www.calculadoradelamor.com/

Además test en http://www2.rincondelvago.com/amor/tests/

http://www.tododetest.com/

Piropos en http://www.tagoror.com/cgi-bin/piropos/buscar.pl

http://www.tagoror.com/piropos/

Formas de llegar al corazón de una mujer

Mejor me gusta que comentemos Gracias

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