Noma Bar (genial)

mayo 16, 2012

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4-5

abril 16, 2012

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Cuatro cosas sensuales para hacer después de tener sexo

http://www.alomujeres.com/sexo-y-amor/tips-de-sexo-0

Cinco juegos sensuales para dejarlo sin aliento

http://www.alomujeres.com/sexo-y-amor/juegos-sensuales


De El País

marzo 26, 2012

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http://www.saatchi-gallery.co.uk/

 

http://www.saatchi-gallery.co.uk/artists/felix_gmelin.htm?section_name=artists_germany

Legs, Number, Frame, Concrete, Blue, Green, Orange

Michele Abeles


Codex Seraphinianus de Luigi Serafini

febrero 9, 2012

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Bibliografía de Luigi Serafini

http://es.paperblog.com/bibliografia-de-luigi-serafini-96901/

http://hibridacion.files.wordpress.com/2012/02/cs-s1.jpg?w=300

http://farm3.static.flickr.com/2250/1797688787_8aeded51aa.jpg


Best seller: manual práctico para entender al sexo opuesto (¿misterios del universo?)

enero 14, 2012

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http://hibridacion.files.wordpress.com/2012/01/los_hombres_son_de_marte_las_mujeres_son_de_venus.jpg?w=198

Ahora está disponible el manual práctico para entender al sexo opuesto

¿Cuál sería “Best Seller” primero: “Manual para entender a las Mujeres” o “Manual para entender a los Hombres”?

http://mx.answers.yahoo.com/question/index?qid=20100429102422AAyU6Ul

 


LA INTERACTIVIDAD EN LAS REDES SOCIALES (ejemplo)

enero 12, 2012

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https://www.facebook.com/VideosInteractivos?sk=wall

 


Ah Las mujeres! Encantadores seres que admiraremos hoy y siempre amén!

enero 5, 2012

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Ah Las mujeres! Encantadores seres que admiraremos hoy y siempre amén!
Un genio de la biología
http://blogs.elpais.com/simetrias/2012/01/un-genio-de-la-biolog%C3%ADa.html

Sesenta minutos que pudieron conmover la evolución: la carta de Wallace
http://blogs.elpais.com/microbichitos/2011/12/sesenta-minutos-que-pudieron-conmover-la-evoluci%C3%B3n-la-carta-de-wallace.html
http://lacomunidad.elpais.com/apuntes-cientificos-desde-el-mit/posts
La investigación científica te puede dar muuuuuucho dinero. Si te atreves.

Mujeres que cambian el mundo: Beatriz Mendoza y el Riachuelo
http://blogs.elpais.com/mujeres/2012/01/mujeres-que-cambian-el-mundo-beatriz-mendoza-y-el-riachuelo-.html

¡Feliz Navidad señora Merkel!
http://blogs.elpais.com/rua-lisboa/

Merkel ya está en Bruselas
http://blogs.elpais.com/berlin/

A sus pies, señora Streep
http://www.elpais.com/articulo/cine/pies/senora/Streep/elpepuculcin/20120105elpepicin_2/Tes

http://blogs.elpais.com/delitos-y-faldas/ Choque de pasarelas


Cuadrado sator: palindromo especial (contribución de Angel Blanco o luna de papel)

noviembre 4, 2011

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Palindromo  especial de principios de la era cristiana: “cuadrado sator”:

sator
arepo
tenet
opera
rotas

Se supone que son cuatro palabras en latin y una en celta su significado esta todavÍa en discusión pero lo sorprendente es que se lee de izquierda a derecha y de derecha a izquierda como cualquier palindromo normal , pero ademas se lee de arriba para abajo y de abajo para arriba y dice lo mismo. Por si esto fuera poco si usamos la unica letra “n” en el centro se puede escribir la palapra paternoster de arriba a abajo y de derecha a izquierda y sobran dos alfas y dos omegas primera y última letra del alfabeto latino y símbolo de principio y fin en la tradición cristiana (se sospecha que era una forma de rezar el padre nuestro en la época de la persecusión de los primeros cristianos)


El cuadrado de Sator en Oppède.

Anagrama SATOR AREPO TENET OPERA ROTAS.

http://es.wikipedia.org/wiki/Cuadrado_Sator

http://www.taliscope.com/Sator_es.html

Evidencias arqueológicas

Hasta ahí, no parece nada más que eso, un juego de un ciudadano de una clase media-alta, con capacidad de leer, escribir y algo más. Pero nadie puede negar que hay algo raro en semejante cuadrado mágico. Veamos la lista de cuadrados SATOR AREPO… que se han hallado en contexto arqueológico:

  • Herculano, en una columna del foro. Como muchos sabeis ya, Herculano es una pequeña población romana situada en la región de la Campania italiana, que quedó sepultada por un rio de barro hirviendo el dia 24 de agosto del año 79 d. C. Esta fecha es realmente precisa y muy a tener en cuenta, puesto que el “sello” de barro y cenizas volcánicas no dejan dudas sobre su datación “ante quem” (antes de… entendiéndose que la datación es de antes del 79 o del mismo 79).
  • Pompeya. Más de lo mismo.
  • Corinium, la actual Cirencester, en Inglaterra. Grafito encontrado el 1868 en un revoque de una casa datada entre los siglos II y IV.
  • Dura Europos, Siria. Fué abandonada hacia mediados del s. III.
  • Manchester. En su museo se conserva otro de estos cuadrados mágicos.
  • En el pavimento fuera de la iglesia de los caballeros en La Valetta, en Malta.

¿Tiene algún significado oculto?

Como podemos ver, las primeras cronologias son del s. I.

Interesante.

Pero más interesante aún es su significado oculto a los ojos de los no entendidos. Me explico:

“Entre 1924 y 1927, tres eruditos descubrieron, independientemente, que las letras podían ser rearranjadas en forma de cruz (Chr. Frank, Deutsche Gaue 25 (1924), 76; F. Grosser, “Ein neuer Versuch zur Deutung der Sator-Formel”, Z.N.W. 24 (1926), 165ff.; S. Agrell, “Runornas talmystik och dess antika förebild”, Skrifter utgivna av Vetenskaps-Societen i Lund 6(1927), 31f.).” Ver post

Esto se comprenderá mejor si vemos la siguiente imagen:

Increíble. Reordenando las letras podemos componer una cruz creada con dos Pater Noster y dos A y O (es decir, alfa y omega, por aquello de “yo soy el principio y el fin”, Apocalipsis 1,8 21,6 y 22,13).

Los símbolos de los primeros cristianos

Resulta que tenemos escondido en este cuadrado uno de los primeros indicios de un oculto cristianismo en bastantes lugares del imperio, muy alejados entre sí. Esto, lejos de ser una divertida casualidad, debe ayudar a comprender el cristianismo de los primeros tiempos:

Muchos han intentado encontrar un significado al lema, algo así como que se trata de una alegoría de Dios y el trabajo, o la abundancia a través del trabajo, o bién otros significados poco acertados. Personalmente me limito a entenderlo como un signo de reconocimiento entre cristianos que formarian parte de una religión con gran parte de misterio. Y no me refiero tanto al misterio en sí como a los “misteria” o ritos de origen oriental, según los cuales se revelaba a los iniciados algún misterio para hacerlos entrar en su círculo religioso.

Se ha sugerido también que el significado oculto de ese cuadrado mágico, bastante difundido en Italia por allá en la Edad Media, habría sido conocido por los templarios, aunque también es posible que se fuera transmitiendo como simple juego de palabras. Pero todo esto entra ya en el campo de la especulación y de la onírica, donde yo suelto ya vuestra mano y os dejo soñar libremente.

Toninicasanipasta

Enlaces de interés:

La nueva forma de entender la historia

www.historiaclasica.com


OJOS (en el Caribe y más abajo)

octubre 30, 2011

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http://www.youtube.com/watch?v=EAiqJbY1d28&feature=fvwrel

http://www.youtube.com/watch?v=zXj2x_PCVAg

http://www.youtube.com/watch?v=k3RQLx2Ah1o&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=R7OSRjhDNcU&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=0Z9w8s2l8NM

http://www.youtube.com/watch?v=VJBISQ6CrEo&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=LRx1Pk24t7E (Caribe abajo)

http://www.youtube.com/watch?v=j7kVBlmKeUk&feature=related

Gabriel García Márquez
(Aracata, Colombia 1928—)

Ojos de perro azul
(1950)

Entonces me miró. Yo creía que me miraba por primera vez. Pero luego, cuando dio la vuelta por detrás del velador y yo seguía sintiendo sobre el hombro, a mis espaldas, su resbaladiza y oleosa mirada, comprendí que era yo quien la miraba por primera vez. Encendí un cigarrillo. Tragué el humo áspero y fuerte, antes de hacer girar el asiento, equilibrándolo sobre una de las patas posteriores. Después de eso la vi ahí, como había estado todas las noches, parada junto al velador, mirándome. Durante breves minutos estuvimos haciendo nada más que eso: mirarnos. Yo mirándola desde el asiento, haciendo equilibrio en una de sus patas posteriores. Ella de pie, con una mano larga y quieta sobre el velador, mirándome. Le veía los párpados iluminados como todas las noches. Fue entonces cuando recordé lo de siempre, cuando le dije: «Ojos de perro azul». Ella me dijo, sin retirar la mano del velador: «Eso. Ya no lo olvidaremos nunca». Salió de la órbita suspirando: «Ojos de perro azul. He escrito eso por todas partes».
La vi caminar hacia el tocador. La vi aparecer en la luna circular del espejo mirándome ahora al final de una ida y vuelta de luz matemática. La vi seguir mirándome con sus grandes ojos de ceniza encendida: mirándome mientras abría la cajita enchapada de nácar rosado. La vi empolvarse la nariz. Cuando acabó de hacerlo, cerró la cajita y volvió a ponerse en pie y caminó de nuevo hacia el velador, diciendo: «Temo que alguien sueñe con esta habitación y me revuelva mis cosas»; y tendió sobre la llama la misma mano larga y trémula que había estado calentado antes de sentarse al espejo. Y dijo: «No sientes el frío». Y yo le dije: «A veces». Y ella me dijo: «Debes sentirlo ahora». Y entonces comprendí por qué no había podido estar solo en el asiento. Era el frío lo que me daba la certeza de mi soledad. «Ahora lo siento ―dije―. Y es raro, porque la noche está quieta. Tal vez se me ha rodado la sábana». Ella no respondió. Empezó otra vez a moverse hacia el espejo y volví a girar sobre el asiento para quedar de espaldas a ella. Sin verla sabía lo que estaba haciendo. Sabía que estaba otra vez sentada frente al espejo, viendo mis espaldas, que habían tenido tiempo para llegar hasta el fondo del espejo, viendo mis espaldas, que habían tenido tiempo para llegar hasta el fondo del espejo y ser encontradas por la mirada de ella, que también había tenido el tiempo justo para llegar hasta el fondo y regresar ―antes que la mano tuviera tiempo de iniciar la segunda vuelta― hasta los labios que estaban ahora untados de carmín, desde la primera vuelta de la mano frente al espejo. Yo veía, frente a mí, la pared lisa, que era como otro espejo ciego, donde yo no la veía a ella ―sentada a mis espaldas―, pero imaginándola dónde estaría si en lugar de la pared hubiera sido puesto un espejo. «Te veo», le dije. Y vi en la pared como si ella hubiera levantado los ojos y me hubiera visto de espaldas en el asiento, al fondo del espejo, con la cara vuelta hacia la pared. Después la vi bajar los párpados, otra vez, y quedarse con los ojos quietos en su corpiño, sin hablar. Y yo volví a decirle: «Te veo». Y ella volvió a levantar los ojos desde su corpiño. «Es imposible», dijo. Yo pregunté por qué. Y ella, con los ojos otra vez quietos en el corpiño: «Porque tienes la cara vuelta hacia la pared». Entonces yo hice girar el asiento. Tenía el cigarrillo apretado en la boca. Cuando quedé frente al espejo ella estaba otra vez junto al velador. Ahora tenía las manos abiertas sobre la llama, como dos abiertas alas de gallina, asándose, y con el rostro sombreado por sus propios dedos. «Creo que me voy a enfriar ―dijo―. Esta debe ser una ciudad helada». Volvió el rostro de perfil y su piel de cobre al rojo se volvió repentinamente triste. «Haz algo contra eso», dije. Y ella empezó a desvestirse, pieza por pieza, empezando por arriba; por el corpiño. Le dije: «Voy a voltearme contra la pared». Ella dijo: «No. De todos modos me verás, como me viste cuando estabas de espaldas». Y no había acabado de decirlo cuando ya estaba desvestida casi por completo, con la llama lamiéndole la larga piel de cobre. «Siempre había querido verte así, con el cuero de la barriga lleno de hondos agujeros, como si te hubieran hecho a palos». Y antes que yo cayera en la cuenta de que mis palabras se habían vuelto torpes frente a su desnudez, ella se quedó inmóvil, calentándose en la órbita del velador, y dijo: «A veces creo que soy metálica». Guardó silencio un instante. La posición de las manos sobre la llama varió levemente. Yo dije: «A veces, en otros sueños, he creído que no eres sino una estatuilla de bronce en el rincón de algún museo. Tal vez por eso sientes frío». Y ella dijo: «A veces, cuando me duermo sobre el corazón, siento que el cuerpo se me vuelve huevo y la piel como una lámina. Entonces, cuando la sangre me golpea por dentro, es como si alguien me estuviera llamando con los nudillos en el vientre y siento mi propio sonido de cobre en la cama. Es como si fuera así como tú dices: de metal laminado». Se acercó más al velador. «Me habría gustado oírte», dije. Y ella dijo: «Si alguna vez nos encontramos pon el oído en mis costillas, cuando me duerma sobre el lado izquierdo, y me oirás resonar. Siempre he deseado que lo hagas alguna vez». La oí respirar hondo mientras hablaba. Y dijo que durante años no había hecho nada distinto de eso. Su vida estaba dedicada a encontrarme en la realidad, al través de esa frase identificadora. «Ojos de perro azul». Y en la calle iba diciendo en voz alta, que era una manera de decirle a la única persona que habría podido entenderla:
«Yo soy la que llega a tus sueños todas las noches y te dice esto: ojos de perro azul». Y dijo que iba a los restaurantes y les decía a los mozos, antes de ordenar el pedido: «Ojos de perro azul». Pero los mozos le hacían una respetuosa reverencia, sin que hubieran recordado nunca haber dicho eso en sus sueños. Después escribía en las servilletas y rayaba con el cuchillo el barniz de las mesas: «Ojos de perro azul». Y en los cristales empañados de los hoteles, de las estaciones, de todos los edificios públicos, escribía con el índice: «Ojos de perro azul». Dijo que una vez llegó a una droguería y advirtió el mismo olor que había sentido en su habitación una noche, después de haber soñado conmigo. «Debe estar cerca», pensó, viendo el embaldosado limpio y nuevo de la droguería. Entonces se acercó al dependiente y le dijo «Siempre sueño con un hombre que me dice: “Ojos de perro azul”». Y dijo que el vendedor la había mirado a los ojos y le dijo: «En realidad, señorita, usted tiene los ojos así». Y ella le dijo: «Necesito encontrar al hombre que me dijo en sueños eso mismo». Y el vendedor se echó a reír y se movió hacia el otro lado del mostrador. Ella siguió viendo el embaldosado limpio y sintiendo el olor. Y abrió la cartera y se arrodilló y escribió sobre el embaldosado, a grandes letras rojas, con la barrita de carmín para labios: «Ojos de perro azul». El vendedor regresó de donde estaba. Le dijo: «Señorita, usted ha manchado el embaldosado». Le entregó un trapo húmedo, diciendo: «Límpielo». Y ella dijo, todavía junto al velador, que pasó toda la tarde a gatas, lavando el embaldosado y diciendo: «Ojos de perro azul», hasta cuando la gentes se congregó en la puerta y dijo que estaba loca.
Ahora, cuando acabó de hablar, yo seguía en el rincón, sentado, haciendo equilibrio en la silla. «Yo trato de acordarme todos los días la frase con que debo encontrarte ―dije― . Ahora creo que mañana no lo olvidaré. Sin embargo, siempre he olvidado al despertar cuáles son las palabras con que puedo encontrarte». Y ella dijo: «Tú mismo las inventaste desde el primer día». Y yo le dije: «Las inventé porque te vi los ojos de ceniza. Pero nunca las recuerdo a la mañana siguiente . Y ella, con los puños cerrados junto al velador, respiró hondo: «Si por lo menos pudiera recordar ahora en qué ciudad lo he estado escribiendo».
Sus dientes apretados relumbraron sobre la llama. «Me gustaría tocarte ahora», dije. Ella levantó el rostro que había estado mirando la lumbre: levantó la mirada ardiendo, asándose también como ella, como sus manos: y yo sentí que me vio, en el rincón, donde seguía sentado, meciéndome en el asiento. «Nunca me habías dicho eso», dijo. «Ahora lo digo y es verdad», dije. Al otro lado del velador ella pidió un cigarrillo. La colilla había desaparecido de entre mis dedos. Había olvidado que estaba fumando. Dijo: «No sé por qué no puedo recordar dónde lo he escrito». Y yo le dije: «Por lo mismo que yo no podré recordar mañana las palabras». Y ella dijo, triste: «No. Es que a veces creo que eso también lo he soñado». Me puse en pie y caminé hacia el velador. Ella estaba un poco más allá, y yo seguía caminando, con los cigarrillos y los fósforos en la mano, que no pasaría el velador. Le tendí el cigarrillo. Ella lo apretó entre los labios y se inclinó para alcanzar la llama, antes que yo tuviera tiempo de encender el fósforo. «En alguna ciudad del mundo, en todas las paredes, tienen que estar escritas esas palabras: “Ojos de perro azul” dije―. Si mañana las recordara iría a buscarte». Ella levantó otra vez la cabeza y tenía ya la brasa encendida en los labios. «Ojos de perro azul», suspiró, recordando, con el cigarrillo caído sobre la barba y un ojo a medio cerrar. Aspiró después el humo, con el cigarrillo entre los dedos, y exclamó: «Ya esto es otra cosa. Estoy entrando en calor». Y lo dijo con la voz un poco tibia y huidiza, como si no lo hubiera dicho realmente sino como si lo hubiera acercado el papel a la llama mientras yo leía: «Estoy entrando ―y ella hubiera seguido con el papelito entre el pulgar y el índice, dándole vueltas, mientras se iba consumiendo y yo acababa de leer ― …en calor», antes que el papelito se consumiera por completo y cayera al suelo arrugado, disminuido, convertido en un liviano polvo de ceniza. «Así es mejor ―dije―. A veces me da miedo verte así. Temblando junto al velador».
Nos veíamos desde hacía varios años. A veces, cuando ya estábamos juntos, alguien dejaba caer afuera una cucharita y despertábamos. Poco a poco habíamos ido comprendiendo que nuestra amistad estaba subordinada a las cosas, a los acontecimientos más simples. Nuestros encuentros terminaban siempre así, con el caer de una cucharita en la madrugada.
Ahora, junto al velador, me estaba mirando. Yo recordaba que antes también me había mirado así, desde aquel remoto sueño en que hice girar el asiento sobre sus patas posteriores y quedé frente a una desconocida de ojos cenicientos. Fue en ese sueño en el que le pregunté por primera vez: «¿Quién es usted?». Y ella me dijo: «No lo recuerdo». Yo le dije: «Pero creo que nos hemos visto antes». Y ella dijo, indiferente: «Creo que alguna vez soñé con usted, con este mismo cuarto». Y yo le dije: «Eso es. Ya empiezo a recordarlo». Y ella dijo: «Qué curioso. Es cierto que nos hemos encontrado en otros sueños».
Dio dos chupadas al cigarrillo. Yo estaba todavía parado frente al velador cuando me quedé mirándola de pronto. La miré de arriba abajo y todavía era de cobre; pero no ya de metal duro y frío, sino de cobre amarillo, blando, maleable. «Me gustaría tocarte», volvía a decir. Y ella dijo: «Lo echarías todo a perder ―volvió a decir, antes que yo pudiera tocarla―. Tal vez, si das la vuelta por detrás del velador, despertaríamos sobresaltados quién sabe en qué parte del mundo». Pero yo insistí: «No importa». Y ella dijo: «Si diéramos vuelta a la almohada, volveríamos a encontrarnos. Pero tú, cuando despiertes, lo habrás olvidado». Empecé a moverme hacia el rincón. Ella quedó atrás, calentándose las manos sobre la llama. Y todavía no estaba yo junto al asiento cuando le oí decir a mis espaldas: «Cuando despierto a medianoche, me quedo dando vueltas en la cama, con los hilos de la almohada ardiéndome en la rodilla y repitiendo hasta el amanecer: “Ojos de perro azul”».
Entonces yo me quedé con la cara contra la pared. «Ya está amaneciendo ―dije sin mirarla―. Cuando dieron las dos estaba despierto y de eso hace mucho rato». Yo me dirigí hacia la puerta. Cuando tenía agarrada la manivela, oí otra vez su voz igual, invariable: «No abras esa puerta ―dijo―. El corredor está lleno de sueños difíciles». Y yo le dije: «Cómo lo sabes?». Y ella me dijo: «Porque hace un momento estuve allí y tuve que regresar cuando descubrí que estaba dormida sobre el corazón». Yo tenía la puerta entreabierta. Moví un poco la hoja y un airecillo frío y tenue me trajo un fresco olor a tierra vegetal, a campo húmedo. Ella habló otra vez. Yo di la vuelta, moviendo todavía la hoja montada en goznes silenciosos, y le dije: «Creo que no hay ningún corredor aquí afuera. Siento el olor del campo». Y ella, un poco lejana ya, me dijo: «Conozco esto más que tú. Lo que pasa es que allá afuera está una mujer soñando con el campo». Se cruzó de brazos sobre la llama. Siguió hablando: «Es esa mujer que siempre ha deseado tener una casa en el campo y nunca ha podido salir de la ciudad». Yo recordaba haber visto la mujer en algún sueño anterior, pero sabía, ya con la puerta entreabierta, que dentro de media hora debía bajar al desayuno. Y dije: «De todos modos, tengo que salir de aquí para despertar».
Afuera el viento aleteó un instante, se quedó quieto después y se oyó la respiración de un durmiente que acababa de darse vuelta en la cama. El viento del campo se suspendió. Ya no hubo más olores. «Mañana te reconoceré por eso ―dije―. Te reconoceré cuando vea en la calle una mujer que escriba en las paredes: “Ojos de perro azul”». Y ella, con una sonrisa triste ―que era ya una sonrisa de entrega a lo imposible, a lo inalcanzable―, dijo: «Sin embargo no recordarás nada durante el día». Y volvió a poner las manos sobre el velador, con el semblante oscurecido por una niebla amarga: «Eres el único hombre que, al despertar, no recuerda nada de lo que ha soñado»


SENOS: obsesión de los machos (ya se colgaron otras obsesiones ¿Cuáles son?)

octubre 23, 2011

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Fetichismo de senos http://es.wikipedia.org/wiki/Fetichismo_de_senoshttp://www.nosotras.com/tags/pechos.htm

http://www.10puntos.com/mujeres-mas-bellas-del-mundo/

http://www.guapasyfamosas.com/04-09-2009/alto-voltaje/los-10-mejores-culos-del-mundo

http://nicolasramospintado.wordpress.com/2007/03/15/top-10-los-mas-ricos-del-mundo/

Las 10 mujeres más voluptuosas de Hollywood

http://www.eltiempo.com/Multimedia/galeria_fotos/curiosidades2/las-10-mujeres-mas-voluptuosas-de-hollywood_10609505-5


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