PERVERSIÓN Y PARAFILIAS

Introducción. Debido a la variada utilización popular y profesional, el término perversión presenta interminables dificultades. En particular porque se relacionó (erróneamente) con supuestas “desviaciones” sexuales. Concepción desechada en la actualidad. En este sentido la psiquiatría y psicología adoptaron para las situaciones relacionadas con lo sexual “disfunciones” o directamente “parafilias”. En este sentido los manuales de diagnóstico de los trastornos mentales (DSM-IV y CIE 10)) desechan la denominación de perversión. El caso del psicoanálisis se convierte en una lectura particular, porque desde la perspectiva del psicoanálisis, la perversión se aleja de las parafilias y toma valor como una de las tres grandes estructuras nosográficas: psicosis, neurosis y perversión. Cabe diferenciar al psicoanálisis francés de otras posturas, por ejemplo de aquellas que sostienen una linealidad continuada de patologías de las cuales es posible entrar o salir.
http://www.clinicapsi.com/perversiones.htm
Perversión, término derivado del latín perversio, ‘desvío’, ‘aquello que se aparta de la vía o camino común’, y que, en el lenguaje habitual, se aplica a diferentes conductas sexuales que la sociedad considera anormales o desagradables; en psicología, este concepto tenía en principio el mismo significado, pero últimamente se está comenzando a utilizar en relación con una conducta violenta.
En un principio se entendía por perversión cualquier forma de práctica sexual que no estuviera enmarcada (o no exclusivamente) dentro de lo admitido en una pareja de ambos sexos. En el marco de esta definición, hasta hace muy poco tiempo se consideraban perversas la relación entre personas del mismo sexo (véase Homosexualidad) y el placer solitario o masturbación. En la investigación sistemática del comportamiento “perverso” influyó de forma importante la obra Psicopatías sexuales (1886) del científico Richard von Krafft-Ebing, en la que se expone un amplio caleidoscopio sobre presuntas perversiones todavía en uso.
El neurólogo Sigmund Freud entendía la perversión como una forma de comportamiento ancestral y definía al niño con su sexualidad normalmente reprimida como “polimórficamente perverso”, ya que, al no encontrar un campo de acción adecuado para su ya existente impulso sexual, en el niño conviven varias formas posibles de realización de su deseo. Según esto, sólo puede hablarse de una verdadera perversión si el adulto queda anclado en esta primera etapa de desarrollo sexual, dando lugar a una fijación que, según el psicoanálisis, conduce no sólo a un comportamiento sexual desviado, sino también a una neurosis. En realidad, las perversiones reales o aparentes (definidas por la generalidad) pueden dificultar considerablemente la vida sexual del individuo en cuestión o de su pareja.
Desde el punto de vista del diagnóstico psicoclínico, hoy ya no se designan como perversas las formas inusuales de sexualidad; sólo son consideradas como un problema psíquico si generan desequilibrio en las personas que las practican o en aquellas con las que se realiza el intercambio sexual.
Existen diferentes grados dentro de los comportamientos llamados perversos: voyeurismo y exhibicionismo, fetichismo, sadismo, bestialismo o zoofilia, necrofilia y pedofilia. Roland Barthes, hablando de El placer del texto (traducción de Nicolás Rosa) y del ejercicio de la lectura, ha aplicado conceptos del psicoanálisis y de la lingüística y, de ese modo, ha ampliado el marco para la comprensión de fenómenos como el erotismo y la perversión: “¿El lugar más erótico de un cuerpo no es acaso allí donde la vestimenta se abre? En la perversión (que es el régimen del placer textual) no hay “zonas erógenas” (expresión por otra parte bastante inoportuna); es la intermitencia, como bien lo ha dicho el psicoanálisis, la que es erótica: la de la piel que centellea entre dos piezas (el pantalón y el pulóver), entre dos bordes (la camisa entreabierta, el guante y la manga); es ese centelleo el que seduce, o mejor: la puesta en escena de una aparición-desaparición”. Véase también Mito y conducta sexual.
Perversión y estética. Autor. Pedro Alzuru. La perversión se define clásicamente como desviación del instinto sexual. Su estudio sistemático se ha propuesto una clasificación descriptiva, una nomenclatura de las perversiones. Encontramos que la perversión concierne al objeto sexual: la pareja sexual elegida puede ser un individuo del mismo sexo, muy joven o muy viejo y hasta un cadáver. El objeto sexual puede igualmente ser un animal, la ropa, zapatos y objetos del otro sexo, el perverso puede también ponerse estas vestimentas. La práctica sexual misma puede pervertirse: mostrar los órganos genitales, buscar el sufrimiento de la pareja, erotizar el propio sufrimiento, la participación de un tercero o de varios en el acto sexual, la multiplicación de estos actos, la mezcla de la orina y las heces en estos actos, etc. Sin olvidar que estas prácticas frecuentemente se asocian unas con otras.
Esta enumeración constituye en sí misma una interpretación implícita de la perversión, pues supone un orden natural del instinto sexual que sería definible en comparación con las prácticas de los animales o a través de investigaciones estadísticas. Toda desviación estaría entonces ligada a un substrato orgánico, a una degeneración constitucional que conviene distinguir de los otros estigmas morfológicos o morales y que probablemente se origina por transmisión o debido a una predisposición hereditaria.
Esta psiquiatrización de la perversión está viciada en su método, son médicos y abogados los que han hecho esta clasificación con el objeto de responder a los problemas médico-legales resultantes de los actos delictivos y criminales cometidos por los perversos.
La aparente objetividad de tales estudios está marcada por la presión judicial y social que pesa sobre el observador, toda descripción, por otro lado, contribuye a definir al perverso como distinto al observador (el médico, el juez, la gente honesta), es decir alienarlo, patologizarlo, satanizarlo. Pero no solamente la referencia a un instinto sano, propio de la mayoría de la gente, permanece indemostrable, sino que además es una observación común que toda vida sexual calificada de normal implica prácticas tomadas en mayor o menor grado de fantasmas y actos perversos. Una sexualidad que pretenda coincidir exclusivamente con el fin de la reproducción no puede ser sino producto de fuertes inhibiciones que llevan a desconocer lo que la pulsión sexual implica de ciego y desbordante. Desde esta perspectiva, la abstinencia y el celibato son perversiones.
El estudio de las perversiones se aborda con mayor provecho a través de la lectura de las obras escritas por los mismos perversos y por aquellos que han sabido reconocer en ellos al prójimo: Sade, Masoch, Jean Genet, Georges Bataille, Gilles Deleuze, etc (LA LISTA ES LARGA Y SE ESPERAN CONTRIBUCIONES Y CONTRIBUCIONES AL TEMA, POR FAVOR)
De aquí en adelante están: La estructura perversa; psicoanálisis de las obras; matriz significante de la obra; la ascesis analítica; arte y trasgresión
Leer todo en http://vereda.saber.ula.ve/estetica/gie/pedroalzuru.htm
Nota: Una parafilia (del griego pa, pará: ‘al margen de’, y filía: ‘amor’) es un patrón de comportamiento sexual en el que la fuente predominante de placer no se encuentra en la cópula, sino en alguna otra actividad. Las parafilias se consideran inocuas salvo cuando están dirigidas a un objeto potencialmente peligroso o dañino para cualquiera de las personas involucradas en el acto sexual y por el desorden en la capacidad de sentir y expresar afecto hacia otra persona que puede llegar a hacerse duradero y extremadamente difícil de reconducir.
Las consideraciones acerca del comportamiento considerado parafílico dependen de las convenciones sociales imperantes en un momento y lugar determinados. Ciertas prácticas sexuales, como el sexo oral o la masturbación fueron consideradas parafilias hasta mediados del siglo XX, aunque hoy en día se consideran prácticas no parafílicas (siempre que la actividad del sujeto no se limite únicamente a ellas). Por ello resulta imposible elaborar un catálogo definitivo de las parafilias.
Las definiciones más usuales recogen comportamientos como el sadismo, el masoquismo, el exhibicionismo, el voyeurismo, la zoofilia, la coprofilia, la necrofilia, el fetichismo y el frotismo. En cuanto al origen de las parafilias, no se ha podido demostrar la existencia de ninguna alteración orgánica o psicológica que las explique

2 Responses to PERVERSIÓN Y PARAFILIAS

  1. angel dice:

    perverso=per-padre, verso-versión, “VERSIÓN DEL PADRE” No se enreden tanto, estudiar a veces sirve

Mejor me gusta que comentemos Gracias

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