Casas de grandes creadores

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Bienvenidos! Conozcan las casas de grandes creadores.Goethe, Dickinson, Pessoa, Le Corbusier o Dalí, un recorrido por los espacios donde muchos creadores pergeñaron sus obras

Cuando regresaron los pájaros. Una mañana del verano de 1824 J.P. Eckermann paseó con Johann Wolfgang Goethe hasta su casa de madera a orillas del río Ilm. Una anécdota más de la que aparece en su libro Conversaciones con Goethe que le sirvió para profanar de cierta manera la intimidad del escritor.

Aquel lugar en el que escribía Goethe, fue también al que acudió Jorge Semprún cuando salió del campo de concentración de Buchenwald, a 10 kilómetros del lugar. Allí volvió a ver pájaros, los mismos que se habían marchado por el olor a carne quemada.

Las habitaciones de mujeres creadoras. Siguiendo el ensayo A room of one’s de Virginia Woolf se pasea por las estancias de Emily Dickinson visitada por Natalia Ginzburg. La poetisa vivió encerrada en la mansión que su abuelo había construido cerca de Boston donde escribió más de 1700 poemas y unas mil cartas.

El Arte y la Vida. Fernando Pessoa describe en El libro del desasosiego la siguiente analogía: “Si la oficina de la calle de los Doradores representa para mí la Vida, este segundo piso mío, donde vivo, en la misma calle de los Doradores, representa para mí el Arte. Sí, el Arte que vive en la misma calle que la Vida, aunque en un sitio diferente. El Arte que alivia de la Vida sin aliviar de Vivir…”

Un incisivo. Uno de los deseos secretos de Salvador Dalí era hacerse con la casa de los hijos de Lidia en Port Lligat, a 15 minutos de Cadaqués, al otro lado del cementerio. En La vida secreta de Salvador Dalí el pintor narra la manera en que convirtió “esta choza en un espacio habitable”, el lugar que más le gustaba del mundo.

Arquitecturas interiores. La última guarida de Le Corbusier en Cap-Martin fue retratada con sorpresa por el fotógrafo Brassaï, en el libro Los artistas de mi vida. “Imaginen mi sorpresa cuando entré en un apartamento bastante desordenado, lleno de muebles viejos, y una extraña colección de antiguallas. Incluso su enorme mesa de dibujo estaba repleta de objetos, libros y archivos”, manifestaba el fotógrafo. Su mujer, aun así, adoraba aquel espacio en el corazón del barrio parisiense Saint-Germain-des-Près, donde vivían desde 1917.

La casa de juguete. En algún momento del capítulo once de La poesía es un oficio Pablo Neruda explica cómo construyó su casa de Isla Negra como si de un juguete se tratara. “El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él. He edificado mi casa como un juguete y juego en ella de la mañana a la noche”. Su apartamento en la isla era una suerte de puerto marítimo, lleno de veleros encerrados en botellas y demás embarcaciones que se desparramaban por la casa y el jardín para el disfrute del Neruda anciano-niño.

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/03/13/actualidad/1331629413_059895.html

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