¿Qué modelo de cerebro prefieres?

CC

El Bhagavad Gita es un poema espiritual. Inmerso dentro del poema épico más largo del mundo, el Mahabharata, narra una batalla entre familiares. Pero más allá de relatar la guerra por un reino entre los Pandavas y los Kuravas (la cual muy probablemente ocurrió cerca de Delhi, India, siglos antes de Cristo), el Bhagavad Gita identifica a esta lucha con cualquier acción en la vida. Acciones necesarias, como el trabajo, que al realizarlas con una visión que trascienda lo inmediato y lo finito se convierten en una ofrenda. A través de esta acción (karma) nos unimos (recordamos que yoga es unir) con la creación, con el infinito. Esto se explica a partir del rico diálogo que en el campo de batalla realizan Arjuna, guerrero Pandava y representación del alma del hombre con Krishna, representación del Alma Universal; lo Absoluto. Dialogo en el cual Arjuna descubre hallar, a través del amor, el gozo de Todo.
http://es.wikiquote.org/wiki/Bhagavad-Gita

LO INFINITO DE LO FINITO: De la nada al todo

Lo infinito en lo finito
http://www.juanramonruiz.com/2007/09/fractales-lo-infinito-en-lo-finito_27.html

¿Es nuestro universo finito o infinito?
http://www.forojovenes.com/debate/es-nuestro-universo-finito-o-infinito-10196.html

¿Es posible establecer una relación entre la literatura y las matemáticas?
http://www.acmor.org.mx/cuam/2008/508-ceam_mex-lo_Infinito_delofinito.pdf

EL FINITO INFINITO

ANEXO EL CERO Y LA NADA POR por Pablo Capanna
La importancia del cero, como sabemos hasta los ignorantes en matemática, está unida al valor posicional de los números: con muy pocos signos se puede representar prácticamente cualquier cifra. Desde que existe el cero no es necesario dibujar un signo distinto para las centenas, los millares o los millones, y desde que existe la notación exponencial (las famosas potencias de diez) ni siquiera hay que escribir los ceros. Obviamente, antes del cero no había números negativos; ni siquiera decimales. Descubrirlo costó bastante esfuerzo, pero como la mente humana funciona de manera similar en todas partes, fueron varias las culturas que se asomaron al cero incluso de manera independiente, como ocurrió con los mayas.

La historia empieza en Sumer
Aparentemente, los primeros en descubrir el cero fueron los sumerios, que tenían un sistema de numeración bastante embrollado, o mejor dicho dos. Uno era decimal y el otro, sexagesimal: el mismo que seguimos usando al dividir el día en 24 horas y la hora en 60 minutos. Contaban desde 1 en forma decimal, pero al llegar al 60, cambiaban al sistema sexagesimal, lo cual complicaba las cuentas. No hay que sorprenderse demasiado, si pensamos que los ingleses hasta 1971 juntaban 12 peniques para hacer un chelín, y 20 peniques para hacer una libra. El hecho es que en algún momento los sumerios comenzaron a dejar una columna en blanco entre dos grupos de signos cuneiformes, con el valor que hoy le damos al cero. Hasta inventaron un signo para representarlo, pero todavía no lo hicieron redondo: lo dibujaron como dos cuñas.

Aquellos griegos
En tiempos de Homero, los griegos escribían decenas y centenas con las iniciales de su nombre: una eta era hékate (100) una pi era 5 (pénta) y una delta era 10 (déka).
Pero cometieron un error fatal al llegar al siglo de Pericles, cuando comenzaron a usar las 24 letras del alfabeto, añadiéndoles algunos signos ad hoc, para escribir los números. Así, 10 pasó a ser «i», la décima letra, y 11 se escribía «ia», la décima más la primera.
Este sistema era bastante incómodo, ya que si bien para diferenciar los números de las letras se les ponía una raya encima, había números que se podían confundir con palabras. Por ejemplo, 318 se escribía «tíe», que significa «¿por qué?». Era algo parecido a lo que nos ocurre con las patentes alfanuméricas, que dan lugar a combinaciones como «ajj», «sex», «fmi», «dgi», «opa» o «uff», que no siempre le caen bien al dueño del auto. Para remediarlo, los pitagóricos empezaron a usar puntos, con los cuales formaban figuras, de manera que había números triangulares (el 10), cuadrados (el 9) y pentagonales (el 5). Pero es sabido que los pitagóricos mezclaban geometría, aritmética y física, de manera que el sistema no prosperó. De todos modos, algo parecido sobrevive en los dados.

Más dificultades
Cualquiera sabe de las dificultades que aparecen cuando se quiere hacer una cuenta cualquiera con números romanos. En su origen, esos números eran apenas dedos estilizados, combinados con algunas letras para las cantidades más grandes.
Desde la época de los griegos, para calcular se usaban contadores como los que todavía se ven en los jardines de infantes. Eran unas cajas divididas en columnas donde se ponían piedritas, no en vano llamadas «cálculos», como los renales. Cada diez piedras había que pasar a la columna siguiente, como en el ábaco.
El cero, con su forma redonda, apareció y desapareció una y otra vez en distintos contextos. Puede que su origen fuera la letra «o», como un sello redondo grabado en la arcilla, o esa huella que quedaba tras una sustracción en una caja de arena de esas que usaban para contar los mercaderes orientales.
En Roma todavía no había cero ni un valor posicional, salvo que IV era 4 y VI era 6 según se escribiera el I de un lado o de otro. De manera que 1999 había que escribirlo MCM XC IX, como si fueran varias columnas. Con el Imperio, los romanos hicieron grandes negocios y comenzaron a manejar cifras millonarias, con lo cual tuvieron que inventar signos para potenciar los que tenían y anotar números mayores. Pero no todos los aceptaban. Cuando Livia le dejó cincuenta millones de sextercios a Galba, su hijo (el emperador Tiberio) insistió que en lugar de una D enmarcada (50.000.000) había que leer una D con una raya encima(apenas 500.000). Argumentaba que «la cantidad estaba en signos, no en letras», y la cifra era ambigua. Quizás entonces haya nacido la costumbre de escribir el importe de los cheques en números y letras, aunque por entonces todavía no había cheques.
Las dificultades se hacían insuperables cuando se llegaba a números realmente grandes, y Arquímedes fue uno de los que se tropezaron con ellas. En su famoso Arenario se propuso calcular cuántos granos de arena cabían en el universo. Como el número más grande que usaban los griegos era la miríada (10.000) tuvo que inventar números de distintos órdenes, es decir miríadas de miríadas de miríadas. Llegó hasta los números de tercer orden, que para nosotros serían un 10 a la 24.
En el Lalitavistara, una vida de Buda escrita siglos más tarde en la India, el joven Gautama ganaba un certamen de inteligencia y sabiduría al ponerle nombre al número más grande, el tallakchama, que era nada menos que 10 a la 53. De haber existido las potencias de diez («¿por qué Arquímedes no se dio cuenta?», clamaba Gauss) lo de Arquímedes y Buda no hubiera llegado a ser una hazaña.

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Dios en el cerebro: creencias religiosas desarrollan inteligencia social
http://www.pijamasurf.com/2009/10/dios-en-el-cerebro-creencias-religiosas-desarrollan-inteligencia-social/

Aprendemos apoyados en la acción.
Aprendemos a hacer lo que hacemos y nada más.
Sin aprestamiento el proceso de aprendizaje es ineficiente, y puede ser dañino.
Sin motivación positiva, no hay aprendizaje alguno.
Para el aprendizaje efectivo, los buenos avances deben ser reconocidos con prontitud.
Los contenidos significativos se aprenden mejor y se retienen más que los no significativos.
Para una mayor transferencia del aprendizaje, el aprendizaje debe ocurrir de la manera en que será usado, al menos inicialmente.
La respuesta de quien aprende depende de cómo percibe la situación.
Las respuestas de quien aprende varían según la atmósfera de aprendizaje.
Alguien sólo puede hacer lo que es capaz dadas la herencia física, los antecedentes y otras fuerzas en operación.
http://nogal.mentor.mec.es/~lbag0000/html/teoria_1.HTM

El cerebro regula las jerarquías sociales
Al menos seis regiones cerebrales se activan cuando subimos o bajamos en el escalafón social.
Neurólogos norteamericanos han identificado las zonas del cerebro implicadas en el proceso de jerarquización social. Analizando las reacciones de un grupo de 24 voluntarios, descubrieron que cuando mejoraban su status social, se incrementa la actividad en tres regiones del cerebro: la corteza cingular anterior (área que custodia los conflictos y resuelve discrepancias), la corteza prefrontral media (que procesa pensamientos referentes a otras personas) y, por último, en el precuneo, relacionado con la capacidad de pensar acerca de uno mismo. Pero cuando los jugadores bajan en el escalafón social, la actividad cerebral aumenta en otras zonas: ganglio basal ventral y en la corteza insular, relacionadas respectivamente con las tensiones y emociones y con la motivación y recompensa. Por Vanessa Marsh.
http://www.tendencias21.net/El-cerebro-regula-las-jerarquias-sociales_a1238.html

http://ahqueraro.blogspot.com/2009/06/cerebro-prensa-vs-cerebro-internet.html. cerebro prensa vs. cerebro internet
EL cerebro prensa asume el papel de censor. Se trata de los medios de comunicación en su versión más tradicional, prensa de papel, radio y televisión. Unidireccionales, sin retorno casi de ningún tipo, con un poder inmenso, de escala industrial, para amplificar las señales (información) elegidas, a costa de tapar el resto. Su papel fundamental es el de cerebro censor, sobretodo ahora que el proceso de concentración de este tipo de medios ha llegado a su fin. Aunque parezca mentira, porque ya nos hemos acostumbrado, hoy en día es mucho más importante lo que tapan que lo que comunican. Han reducido a los límites de lo inocuo el papel del periodista, único elemento de la cadena del que podríamos esperar una información limpia, pero que no tiene mucho que hacer frente al rodillo industrial del que forma parte.

El cerebro internet podría llegar a ser el gran integrador social. Ya he escrito algo aquí sobre lo que llamé cybernet. La verdad es que internet ya se ha convertido en un elemento integrador: comunica partes que antes estaban separadas, hace que la información ya “no pese”, generando una legión de “desintermediados”, como diría Enrique Dans, que pugnan patéticamente, y a veces peligrosamente, por volver a tomar el control de un bien común que nunca debió pertenecerles. Nos está acostumbrando a asistir en directo a revoluciones de todos los colores, la última la verde de Irán que ahora mismo se está produciendo. Antes fue la revolución naranja, el fenómeno Obama, y quizás la próxima la protagonicen los activos y perseguidos bloggers cubanos. A mi, al menos me hace concebir algunas esperanzas.

¿Y tú, que modelo de cerebro prefieres?

http://www.guerraeterna.com/archives/2009/06/el_regimen_iran.html
http://nobelprize.org/nobel_prizes/medicine/laureates/1973/lorenz-autobio.html
http://nobelprize.org/nobel_prizes/medicine/laureates/1932/sherrington-bio.html
http://www.ibercajalav.net/img/cerebroSocial.pdf

Cerebro: pasado, presente, futuro ¿Cerebro flexible en las decisiones financieras? Inteligencias múltiples. Lenguajes entre lo biológico y lo sociocultural

Mejor me gusta que comentemos Gracias

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