ARTE Y PROSTITUCIÓN EN LA GRECIA ANTIGUA

CC

La prostitución es componente de la vida cotidiana de los griegos
antiguos desde la época Arcaica. En las ciudades griegas más importantes y en
particular los puertos, emplea a una parte no despreciable de la población y
representa una actividad económica de primer plano. Está lejos de ser
clandestina: las ciudades no la reprueban y los prostíbulos existen a pleno día.
En la Atenas antigua, se atribuye incluso al legendario legislador Solón la
creación de burdeles estatales a precios moderados. La prostitución concierne
innegablemente a los dos sexos: mujeres de todas las edades y hombres jóvenes se
prostituyen, para una clientela mayoritariamente masculina.
LO FEMENINO

El pseudo-Demóstenes (Contra Nera, 122) proclama en el siglo IV adC ante los
ciudadanos reunidos en el tribunal: «tenemos las cortesanas para el placer, las
concubinas para proporcionarnos cuidados diarios, las esposas para que nos den
hijos legítimos y sean las guardianas fieles de nuestro interior.» Si la
realidad es sin duda menos caricaturesca, no queda a los griegos más que no
sentir escrúpulos morales hacia las prostitutas.
Paralelamente, las leyes
reprueban muy severamente las relaciones fuera del matrimonio con una mujer
libre — en el caso de un adulterio, el marido engañado tiene derecho de matar al
ofensor cogido en flagrante delito — incluso que le viole. La edad media del
matrimonio era de 30 años para los hombres; el joven ateniense no tiene otra
elección, si quiere tener relaciones heterosexuales, que recurrir a sus esclavas
o a las prostitutas.
La existencia de una prostitución femenina con destino a
las mujeres está mal atestiguado. El Aristófanes del El Banquete de Platón (191e
2-5) menciona a las hetairístriai, en su célebre mito del amor. Para él, «las
mujeres descendientes de las mujeres primitivas no tienen gran gusto por los
hombres: ellas prefieren las mujeres; son las que se llaman las hetairístriai».
Se supone que se trata de prostitutas que se dirigen a una clientela lésbica.
Luciano se extiende sobre esta práctica en su Diálogo de las cortesanas (V) pero
es posible que se trate simplemente de una alusión al pasaje de Platón.
Estas
prostitutas son clasificadas en varias categorías (pórnai, pérnêmi, «vendida»,
pornoboskós o proxeneta, literalmente el «pastor» de las prostitutas, que paga
un impuesto sobre el ingreso que ellas generan). El propietario puede ser un
ciudadano; para él se trata de una fuente de ingresos como cualquier otra: un
orador del siglo IV adC hace figurar a dos entre su fortuna; Teofrasto
(Caracteres, VI, 5) cita al proxeneta al lado del posadero y del recaudador de
impuestos, en una lista de profesiones ordinarias. El propietario puede ser
igualmente un o una meteco.
En época clásica, son esclavas de origen bárbaro;
a partir del período helenístico, se añaden los casos de niñas expuestas por su
padre ciudadano, consideradas como esclavas hasta prueba en contrario. Trabajan
en los prostíbulos, generalmente en los barrios conocidos por esta actividad,
tales como el Pireo (puerto de Atenas) o el Cerámico de Atenas. Son frecuentadas
por los marinos y los ciudadanos pobres.
A esta categoría pertenecen las
mujeres de los burdeles del Estado ateniense. Según Ateneo (XIII, 23) citando al
autor cómico Filemón (Adelfas, fgt. 4) y al historiador Nicandro (Historia de
Colofón = FGrH 271-272 fgt. 9), es Solón quien «preocupado por calmar los
ardores de los jóvenes, (…) tomó la iniciativa de abrir casas de paso y de
instalar allí a chicas compradas». Así, uno de los personajes de las Adelfas
exclama:
« Tú, Solon, tú que has hecho una ley de utilidad pública, por lo
que, primero, se dice, comprendida por ti la necesidad de esta institución
democrática y bienhechora, ¡Zeus sé mi testigo! Es importante que diga esto.
Nuestra ciudad rebosa de pobres chicos a los que la naturaleza obliga duramente,
que se perderían por caminos nefastos: para ellos, has comprado, y después
instalado en diversos lugares, a chicas muy bien equipadas y dispuestas. (…)
Precio: un óbolo; ¡permíteles hacer! ¡Nada de cursilerías! Las tendrás por tu
dinero, como tú quieras y de la manera que tú quieras(…)».
Como subraya el
personaje, los prostíbulos solonianos aportan satisfacción sexual accessible a
todos e independiente de los ingresos personales. Desde esta misma óptica, Solón
habría erigido, gracias al impuesto sobre los prostíbulos, un templo a Afrodita
Pandemos, literalmente Afrodita «de todo el pueblo». Incluso si la veracidad
histórica de estas anécdotas fuera dudosa, parece, sin embargo, claro que los
atenienses consideraban la prostitución como un componente de la
democracia.
Tratándose de tarifas, existen numerosas alusiones al precio de
un óbolo para las prostitutas menos costosas, sin duda para las prestaciones más
simples.
Un nivel por encima se hallan las prostitutas independientes que
captan en la calle. Demuestran en directo sus encantos a los clientes
potenciales, recurren a artificios publicitarios: así, se han encontrado
sandaliass con la suela arreglada, concebidas para dejar la marca, AKOLOUTHI
(«sígueme!») en el suelo. Utilizan igualmente maquillaje, aparentemente poco
discreto: Eubulos, autor de la Comedia Media, se burla así de las cortesanas
«pintarrajeadas de blanco de albayalde y (…) untadas las mejillas de zumo de
mora[3] . »
Estas prostitutas son de orígenes diversos: mujeres metecas que
no encuentran otro empleo en la ciudad de llegada, viudas pobres, antiguas
pornai que han logrado independizarse. En Atenas, deben estar registradas y
pagan un impuesto. Algunas consiguen hacer foruna en su oficio. En el siglo I,
en Koptos, en el Egipto romano, los impuestos se elevan a 108 dracmas.
Sus
tarifas son, sin embargo, difíciles de evaluar: parece que varían mucho. En el
siglo IV adC, Teopompo indica que las prostitutas de segunda exigen una estátera
(cuatro dracmas) y en el siglo I adC, el filósofo epicúreo Filodemo de Gadara
(citado en la Antología Palatina, V, 126) menciona un sistema de bono que se
eleva a cinco dracmas por doce visitas. En el siglo II, en el Diálogo de las
cortesanas de Luciano de Samosata, la prostituta Ampelis considera cinco dracmas
por visita, un precio mediocre (8, 3). En el mismo texto, una joven virgen puede
pedir una mina, es decir, cien dracmas (7, 3), incluso dos minas. Inversamente,
una joven y bella prostituta puede imponer mejores precios que una colega en
declive — incluso la iconografía de las cerámicas muestra que existe un mercado
específico para las mujeres mayores. Todo depende de si el cliente pretende la
exclusividad de la prostituta o no. Existen arreglos intermedios: un grupo de
amigos compra la exclusividad, teniendo cada uno derecho a una parte del
tiempo.
Se puede, sin duda, situar en esta categoría a las músicos y a las
bailarinas que ofician en los banquetes masculinos. Aristóteles en la
Constitución de los atenienses menciona entre las atribuciones específicas de
diez magistrados (cinco intra muros y cinco para el Pireo), los griegos
astynómoi, con el cargo de velar «que las instrumentistas de flauta, de lira y
de cítara no sean alquiladas por más de dos dracmas» por noche. Los servicios
sexuales fueron claramente parte del alquiler[5] cuyo precio, a pesar del
control practicado por los astynomes, tiende a ser más elevado cuanto más corre
el tiempo.
Las hetaeras se hallan en la cima de la jerarquía de las
prostitutas. Contrariamente a las otras, no se contentan con ofrecer servicios
sexuales y sus prestaciones no son puntuales (de manera literal, hetaíra
significa «compañía»). Comparables en cierta medida a las geishas japonesas,
poseen una educación esmerada y son capaces de tomar parte en las conversaciones
entre gentes cultivadas. Únicas entre todas las mujeres de Grecia, espartiatas
exceptuadas, son independientes y pueden administrar sus bienes.
Aspasia,
amante de Pericles, es así la mujer más célebre del siglo V adC. Originaria de
Mileto y, por tanto reducida al estatuto de meteco en Atenas, atrae a su casa a
Sófocles, Fidias y a Sócrates y sus discípulos. Según Plutarco (Vida de
Pericles, XXIV, 2), «domina a los hombres políticos más eminentes e inspira a
los filósofos un interés nada despreciable »
Conocemos los nombres de un
cierto número de estas hetaeras. En época clásica, está Teódota, compañera de
Alcibíades, con quien Sócrates dialoga en las Mémorables (III, 11, 4); o Neera,
sujeto de un célebre discurso del pseudo-Demóstenes; Friné, modelo de la
Afrodita de Cnido — obra maestra de Praxíteles, donde ella es la amante, pero
también compañera del orador Hipérides, que la defenderá en un proceso de
impiedad; Leontion, compañera de Epicuro y filósofa ella misma. En época
helenística, se puede citar a Pitónique, compañera de Harpalo, tesorero de
Alejandro Magno, o Tais, compañera del mismo Alejandro y después de Ptolomeo
I.
Algunas de estas hetaeras son muy ricas. Jenofonte describe a Teódota
rodeada de esclavas, ricamente vestida y alojada en una casa de gran altura.
Algunas se distinguen por sus gastos extravagantes: así Rodopis, cortesana
egipcia liberada por el hermano de la poetisa Safo, se distinguiría por hacerse
construir una pirámide. Herodoto (II, 134-135) no cree en esta anécdota, pero
describe una inscripción muy costosa que ella financió en Delfos. Las tarifas de
las cortesanas varían mucho, pero son sustancialmente más elevadas que las de
las prostitutas comunes: en la comedia nueva, varían de 20 a 60 minas por un
número de días indeterminados. En Los aduladores (v. 128-130), Menandro menciona
a una cortesana ganando tres minas por día, es decir, precisa, más que diez
pornai reunidas. Si hay que creer a Aulo Gelio (Noches áticas, I, 8), las
cortesanas de la época clásica cobraban hasta 10.000 dracmas por una
noche.
LO SAGRADO
Grecia no conoce la prostitución sagrada de amplitud
comparable a la que existe en el Próximo Oriente antiguo. Los únicos casos
conocidos conciernen, o bien al mundo griego (en Sicilia, en Chipre, en el reino
del Ponto o en Capadocia), o bien a la ciudad de Corinto, cuyo templo de
Afrodita aloja una importante tropa servil, al menos después de la época
clásica. Así, en 464 adC, un tal Jenofonte, ciudadano de Corinto y vencedor de
la carrera a pie y del pentatlón en los Juegos Olímpicos, dedicó a Afrodita, en
signo de agradecimiento, cien jóvenes mujeres al templo de la diosa. Conservamos
el rastro, gracias a un canto de gala encargado a Píndaro (fgt. 122 Snell),
celebrando las «hijas muy acogedoras, sirvientes / de Pito [la persuasión] en la
fastuosa Corinto». En época romana, según Estrabón (VIII, 6, 20), el templo
tenía más de un millar de esclavas, prostitutas sagradas.
ESPARTA
Única
entre todas las ciudades, Esparta es reputada en Grecia por no albergar ninguna
pornê. Plutarco (Vida de Licurgo, IX, 6) lo explica por la ausencia de metales
preciosos y de verdadera moneda (Esparta utiliza un moneda de hierro que no es
reconocida en ningua parte fuera de allí, por lo que ningún proxeneta
encontraría interés en instalarse allí). De hecho, no hay huellas de
prostitución común en Esparta en la época arcaica o clásica. El único testimonio
inquietante es el de un vaso del siglo VI adC[6] mostrando a mujeres tocando el
aulos en un banquete de hombres. Sin embargo, parece que no se trataba de una
descripción de la realidad espartiata de la época, sino de un simple tema
iconográfico. La presencia de un demonio alado, de frutas, de vegetación y de un
altar hacen creer que podría tratarse de un banquete ritual en honor de una
divinidad ligada a la fertilidad, como Artemisa Ortia o Apolo
Jacintio.
Esparta conocía, sin embargo, a las hetaeras en la época clásica.
Ateneo evoca a las cortesanas con las que Alcibíades se va de juerga durante su
exilio en Esparta (415-414 adC). Jenofonte (Helénicas, III, 8), narrando la
conspiración de Cinadon (principios del siglo IV adC), precisa que el principal
interesado es apartado de la ciudad bajo el pretexto de detener a «una mujer que
pasaba allí por una muy bella mujer, pero a la que se acusaba de corromper a los
lacedemonios, viejos y jóvenes, que venían a Aulon.» Se trataba, muy
probablemente, de una hetaera.
A partir del siglo III adC, al menos, cuando
grandes cantidades de moneda extranjera circulaban en Laconia, Esparta entra
totalmente en la norma de las ciudades griegas. En época helenística, Polemón de
Ilión describe en sus Ofrendas a Lacedemonia (citadas por Ateneo, XIII, 34a) un
retrato de la célebre hetaera Cotina y una vaca de bronce dedicada por ella.
Añade que se enseña, aún en su época, a título de curiosidad, la casa de citas
que ella tenía cerca del templo de Dioniso.
Condición de las prostitutas

La condición de las prostitutas es difícil de evaluar. En tanto que mujeres,
son ya marginales en la sociedad griega. No conocemos testimonios directos sobre
su vida ni descripciones de los burdeles donde trabajaban. Es verosímil, sin
embargo, que los prostíbulos de Grecia fueran similares a los de Roma, descritos
por escritores o conservados en Pompeya: lugares sombríos, malolientes y
estrechos. Uno de los numerosos términos en argot griego para designar a una
prostituta es, en griego, ?aµa?t?p??, khamaityp?s, literalmente «la que golpea
la tierra», indicando con ello que la prestación tenía lugar directamente sobre
el suelo.
Algunos autores ponen en escena a prostitutas hablando de ellas
mismas: así Luciano en el Diálogo de las cortesanas o Alcifrón en su selección
de cartas, pero se trata de obras de ficción. Las prostitutas evocadas son
independientes o hetaeras: las fuentes no se extienden mucho sobre las esclavas,
salvo para considerarlas como que bienes que hay que hacer fructificar. Muestran
claramente, lo que pensaban los hombres griegos de las prostitutas: habiendo de
todo, se les reprocha su carácter mercantil. Para un griego, una persona que se
prostituye, hombre o mujer, lo hace por pobreza o ánimo de lucro; el apetito
sexual no parece un factor barajado. La rapacidad de las prostitutas es un tema
de broma corriente en la comedia. Hay que decir que en Atenas, ellas son las
únicas mujeres que manejan dinero, lo que excita probablemente el rencor
masculino. Otra explicación es que, la carrera de una prostituta independiente
es corta e incierta: sus ingresos disminuyen con el paso de los años. Para poder
vivir durante su vejez, les conviene amasar el mayor dinero posible mientras aún
están a tiempo.
Los tratados de medicina proporcionan una estimación, pero
muy parcial e incompleta, sobre su vida cotidiana. Así las prostitutas esclavas,
para continuar generando ingresos, deben evitar en lo posible caer encinta. Las
técnicas contraceptivas utilizadas por los griegos son mal conocidas, menos que
las de los romanos. Sin embargo, en un tratado atribuido a Hipócrates (Del
esperma, 13), el autor describe precisamente el caso de una bailarina «que tiene
el hábito de ir con hombres»; él le recomienda saltar de talones, para hacer
caer el esperma y evitar todo riesgo. Parece igualmente verosímil que las pornai
tuvieran el recurso al aborto o al infanticidio por exposición. En el caso de
las prostitutas independientes, la situación es menos clara: una joven puede ser
educada en el oficio, suceder a su madre y así mantenerla cuando sea
mayor.
Las cerámicas proporcionan un testimonio sobre la vida cotidiana de
las prostitutas. Su representación, muy frecuente, puede ser reagrupada en
cuatro tipos, susceptibles de retocar: escenas de banquete, relaciones sexuales,
escenas de tocador y escenas de malos tratos. En las escenas de tocador, es
frecuente que la prostituta tenga un cuerpo poco gracioso: pecho caído,
michelines, etc. Un kylix muestra incluso a una prostituta a punto de miccionar
en un orinal. En las representaciones de actos sexuales, la presencia de
prostitutas se reconoce a menudo por la presencia de un monedero, que recuerda
el carácter mercantil de la relación. La posición más frecuentemente
representada es la del perro o la sodomía; las dos posiciones son a veces
difíciles de distinguir. La mujer es doblada a menudo en dos, las manos de plano
sobre el suelo. Ahora bien, la sodomía es considerada como envilecedora para un
adulto, y parece que la posición del perro (por oposición a la postura del
misionero) sea considerada poco gratificante para la mujer. En fin, un cierto
número de vasos representan escenas en las que las prostitutas son amenazadas
con un palo o con una sandalia, y constreñidas a aceptar relaciones sexuales
juzgadas degradantes por los griegos: una felación, una sodomía, incluso los dos
al mismo tiempo.
Si las hetaeras son innegablemente las mujeres más libres de
Grecia, hace falta comprobar que eran numerosas las que deseaban volverse
respetables encontrando un marido o un compañero estable: Neera, cuya carrera es
descrita en un discurso judicial, llega así a educar a tres niños antes de ser
recuperada por su pasado de hetaera. Incluso, Aspasia es elegida como concubina,
incluso esposa, según las fuentes, por Pericles. Ateneo (XIII, 38) remarca que
«las putas que se transforman en mujeres honorables son generalmente más fiables
que esas damas que se precian de su respetabilidad» y cita a varios grandes
hombres griegos, hijos de un ciudadano y de una cortesana: como el estratego
Timoteo, hijo de Conón. En cambio, no conocemos ningún ejemplo de ciudadana que
se hiciera voluntariamente hetaera.
Las prostitutas en la literatura

Máscara de cortesana de la Comedia Nueva, numéro 39 de la lista de Julius
Pollux, siglo III adC o siglo II adC, museo del LouvreEn la época de la comedia
nueva, las prostitutas se convierten a instancia de los esclavos, en las
verdaderas vedettes de las comedias. Se pueden ver varias razones: en la comedia
antigua se trataban temas políticos, la comedia nueva, sin embargo, se interesa
por temas privados y la vida cotidiana de los atenienses. Como las conveniencias
sociales prohíben a una mujer mostrarse al exterior y la escena teatral lo hace,
a las únicas mujeres que se exhiben normalmente, las prostitutas, se las
representa.
Las intrigas de la comedia nueva recurren abundamente a las
prostitutas. «Tanto que habrá un esclavo astuto, un padre duro, una
intermediaria deshonesta y una cortesana cariñosa». «Menandro vivirá», clama
Ovidio en sus Amores (I, 15, 17-18). La cortesana puede ser la primera chica
amada del primer joven: en este caso, libre y virtuosa, ella es reducida a la
prostitución tras haber sido abandonada o raptada por los piratas (las
Sicionias). Reconocida por sus verdaderos parientes gracias a las cosas dejadas
en su cuna, la joven liberada puede ser esposada. Es un personaje secundario muy
corriente: sus relaciones con el amigo del primer joven constituyen la segunda
intriga amorosa de la obra. Menandro crea igualmente, a contracorriente de la
imagen tradicional de la prostituta codiciosa, un personaje de cortesana con
gran corazón en El arbitraje, donde permite el desarrollo feliz de la
obra.
Inversamente, en los mundos utópicos de los griegos, no hay a menudo
sitio para las prostitutas. En La Asamblea de las mujeres (v. 716-719), la
heroína, Praxagora, las prohibe formalmente de su ciudad ideal: «las putas,
tengo la intención de poner fin a su negocio (…) para reservar a las damas el
viril vigor de nuestros jóvenes.» Las prostitutas son consideradas una
competencia desleal. En un género diferente, Platón (la República, III, 404d),
proscribe a las prostitutas corintias igual que a las pastelerías áticas,
acusadas las dos de introducir el lujo y el desenfreno en la ciudad ideal. El
cínico Crates, en época helenística, (citado por Diodoro Sículo, II, 55-60)
describe una ciudad utópica, a instancias de la de Platón, donde la prostitución
está desterrada.

http://books.google.es/books?id=_tEMAAAAYAAJ&pg=PR1&source=gbs_selected_pages&cad=0_2

ANEXO (LO MASCULINO, PROSTITUCIÓN Y CIUDADANÍA, TARIFAS)

Grecia posee igualmente una abundancia de pórnoi prostitutos. Une
parte de ellos se dirige a una clientela femenina: la existencia de gigolós está
atestiguada desde la época clásica. Así, en el Plutos (v. 960-1095), Aristófanes
pone en escena a una vieja sobre él y a su joven doncel, obligado por la pobreza
a mimarla a cambio de dinero contante y sonante, medidas de trigo o vestidos.
Sin embargo, la gran mayoría de los prostitutos son para la clientela de hombres
adultos. Prostitución y pederastia Contrariamente a la prostitución femenina,
que moviliza a mujeres de todas las edades, la prostitución masculina está
básicamente reservada a los adolescentes. El periodo durante el cual los
adolescentes son juzgados deseables se extiende alrededor de la pubertad hasta
la llegada de la barba, la vellosidad de los chicos era objeto de pronunciado
asco para los griegos. Así, el caso de unos gamberros teniendo por amante a un
chico adulto, pero todo depilado. Igual que su equivalente femenino, la
prostitución masculina no es para los griegos un objeto de escándalo. Las casas
de citas de chicos esclavos existen no sólo en los «barrios calientes» del
Pireo, del Cerámico o del Licabeto, sino por todas partes en la ciudad. Uno de
los más célebres de estos jóvenes prostitutos es, sin duda, Fedón de Elis:
reducido a la esclavitud cuando la captura de su ciudad, debe trabajar en una
casa de citas hasta el momento en que es restacado por Sócrates, quien le hará
destacar por sus discípulos. El joven se convierte enseguida en discípulo del
filósofo y da su nombre al Fedón de Platón, narrando la muerte de éste. Las
ciudades instauran un impuesto igualmente sobre los prostitutos. En uno de sus
discursos, el Contra Timarco (I, 74), el orador Esquines puede permitirse
describir en el tribunal un burdel masculino. El cliente de una casa tal no es
reprobado ni por la ley, ni por la opinión pública. PROSTITUCIÓN Y CIUDADANÍA
Accidentalmente, la existencia de una prostitución masculina a gran escala
muestra que los gustos pederásticos no están relegados a una clase social
favorecida. Si los ciudadanos menos acomodados no tienen el tiempo ni los medios
de practicar los rituales aristocráticos (en el gimnasio, corte amorosa,
regalos), cada uno tiene la posibilidad de saciar sus inclinaciones recurriendo
a la prostitución. Y a ejemplo de las mujeres, los chicos son protegidos por la
ley contra todo ataque físico, y no se conocen ejemplos de relación sexual entre
un dueño y su esclavo antes de que lo mencionara Jenofonte. Otro motivo del
recurso a los prostituidos es la existencia de tabúes sexuales: así, el hecho de
practicar una felación es para los griegos un acto degradante. Por consiguiente,
en una relación pederástica, el éraste (amante) no considera pedir este favor a
su erómeno (amante), futuro ciudadano: debe dirigirse a un prostituto. Por
consiguiente, aunque es legal, el ejercicio de la prostitución es socialmente
vergonzoso. Es normalmente el recurso de los esclavos o, de manera general, de
los no-ciudadanos. En Atenas, para un ciudadano, entraña consecuencias políticas
importantes, como la atimía , la pérdida de los derechos cívicos públicos. Así
se explica en Contra Timarco: Esquines es atacado por Timarco; para defenderse,
Esquines acusa a su acusador de haberse prostituido en su juventud. Por
consiguiente, Timarco debería ser privado de sus derechos políticos entre los
cuales está el derecho de denunciar a alguien. Consecuentemente, prostituir a un
adolescente u ofrecer a un adolescente dinero a cambio de favores sexuales está
prohibido severamente, pues eso llega a privar al joven de sus futuros derechos
cívicos. El razonamiento griego es explicitado por Esquines (§ 29), que cita: el
ciudadano que se ha prostituido (peporneuménos) o se hace entretener (hêtairêks)
es privado de la palabra pública porque «ha vendido su propio cuerpo para que
los otros se sirvan de él según su capricho» (eph’ hybris) no vacilando en
vender los intereses de la comunidad en su conjunto». Las acusaciones de Timeo
de Tauromenio (según Polibio, XII, 15, 1) en contra de Agatocles de Siracusa
retoman exactemente la misma temática: un prostituto es por definición alguien
que abdica de su propia dignidad para satisfacer los deseos del prójimo: un
«vulgar prostituto (koinòn pórnon) a disposición de varios disolutos, un
cernícalo[13] , que presenta su trasero a quien quiera.» TARIFAS Como en el caso
de las mujeres, las tarifas de los prostitutos son muy variables. Ateneo (VI,
241) menciona a un chico ofreciendo sus favores por un óbolo; la mediocridad de
la suma inclina a la duda. Estratón de Sardes, un autor de epigramas del siglo
II, evoca una transacción de cinco dracmas (Antología Palatina, XII, 239). Una
carta del pseudo-Esquines (VII, 3) estima en 3.000 dracmas el montante ganado
por un tal Melanopos, probablemente a lo largo de toda su carrera. Esquines en
Contra Timarco (§ 29, cf. supra) distingue así entre el prostituto y el chico
mantenido. Añade en (§ 51-52) que si Timarco se hubiera contentado con ser su
primer protector, su conducta habría sido menos reprensible. Ahora bien, no sólo
Timarco ha abandonado a este hombre — que no tenía más medios para mantenerle —
por otro, sino que ha coleccionado protectores, probando así, según Esquines,
que no es un chico mantenido (hêtairêkôs) sino un vulgar prostituto
(peporneumenos) (con excusas por los problemas con el griego. La base de esta
reseña es wikipedia según se dice en el sitio donde fue tomada. Ver en:
http://arquehistoria.com/historias/la-prostitucion-en-la-grecia-antigua En la
Antigua Grecia las prostitutas tenían entera libertad para el ejercicio de su
profesión. Estaban catalogadas en tres clases: -Las Dicteriades: Se dedicaban a
las clases más bajas. En un principio estuvieron controladas por el gobierno
municipal pero con el tiempo se constituyeron en “empresas privadas” con pago de
impuestos incluidos. Sus precios eran muy bajos, pero al ser inmensamente
populares sus ingresos eran cuantiosos. Tanto, que incluso de sus impuesto se
llegó a financiar la construcción de un templo dedicado al culto de Afrodita.
Las dicteriades sobresalían por no tener estudios ni formación educacional
alguna, a excepción de la técnica sexual. Para salir a la calle se les exigía
que llevarán una peluca amarilla para distinguirlas de las doncellas y madres de
familia noble que tenían el pelo negro. -Las auletrides: Éstas se dedicaban a
ofrecer sus servicios a las clases medias. Se especializaron en las artes de la
música, el striptease y la danza. Estas aptitudes hacían que tuvieran buenos
ingresos y que fuesen comúnmente contratadas para fiestas privadas y orgías.
Normalmente las auletrides provenían de familias muy pobres y eran vendidas
siendo niñas a proxenetas o madamas que las instruían en el arte amatorio
durante años. -Las Hetairae Eran las verdaderas divas. Prostitutas de lujo y
refinadas. Sus clientes eran nobles, terratenientes, senadores y el clero
superior. Resaltaba su extraordinaria belleza, su inteligencia y su exquisita
educación. Se diferenciaban de las auletrides, entre otras cosas, porque podían
acudir a eventos públicos como representaciones, banquetes o debates de
filosofía y política, acompañando a sus clientes. Extraído y traducido del libro
“The History of Prostitution” de William W. Sanger (1859)

http://books.google.es/books?id=_tEMAAAAYAAJ&pg=PR1&source=gbs_selected_pages&cad=0_2

 

IMGP1717

Mujer
regando falos

https://i2.wp.com/aras.org/gallery/woman-phallus.gif

Ubicación
y hallazgos de las Venus Paleolíticas


Hasta
el momento se tiene registro del hallazgo de

aproximadamente 50 Venus
Paleolíticas, entre las que destacan:

V. de Brassempouy de Francia
V.
de Grimaldi de Italia
V. de Lesplunge de Francia
V. de Predmost de
Morvia
La dama del cuerno de Laussel

https://i0.wp.com/sp7.fotolog.com/photo/55/7/107/n0_perroflautas/1200269357_f.jpg

Archivo:Pederastic courtship Louvre CA3096 n2.jpg

Escena de cortejo pederasta en un vaso griego

https://i0.wp.com/www.mundocuriososencillo.com/imagenes/Prostitucion%20griega.jpg
http://www.mundocuriososencillo.com/paginastxt/Prostitucion%20en%20Grecia.html
http://egosumqui.blogspot.com/2009/05/los-placeres-de-pan.html
https://i0.wp.com/estaticos03.cache.el-mundo.net/ladh/numero120/imgs/griego_dentro.jpg

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