12 DE OCTUBRE

12 de octubre: ¿qué celebrar?
Gracias al decidido actuar de los pueblos indios se ha dejado atrás la nada loable “celebración” del llamado Día de la Raza, y en su lugar proponen que se denomine “día del genocidio”. Al respecto, Guillermo Bonfil (1935-1991) señaló: “los que tal vez no la gocen ni encuentren motivo de satisfacción son los indios. Para empezar, no entenderán que se hable del descubrimiento cuando sus antepasados llevaban milenios en estas tierras. Si hubo descubrimiento aquel 12 de octubre, fue el indio el que descubrió algo. Por ejemplo: que sus tierras originales no eran suyas, sino de un señor que se llamaba la Corona; que sus dioses no eran ciertos; que su piel cobriza era signo de inferioridad y motivo de discriminación; que él y todos sus ancestros habían vivido en el pecado; que de entonces en adelante debía llevar otro nombre, un nombre cristiano, de gente pues; que era indio. Experimentó, más que supo, que entraba en otra historia, sujeta a leyes económicas, políticas y sociales diferentes, sobre las cuales no tenía el menor control. Algo más: que entraba por la media puerta de abajo, como los perros. Y aquello duraría… lleva casi cinco siglos” (unomásuno, 12 de octubre de 1979)
http://www.jornada.unam.mx/2007/10/09/index.php?section=politica&article=020a1pol

http://ar.news.yahoo.com/s/09102009/40/n-argentina-indigenas-celebraran-12-octubre-quot.html La comunidad educativa que creó y sostiene en Misiones “La Escuelita de la Selva”, un proyecto intercultural de formación de jóvenes indígenas como emprendedores turísticos, celebrará el próximo 12 de octubre como “Día de la Resistencia de los Pueblos Originarios de América”.
La idea es complementaria de la ya extendida celebración del 11 de octubre como “éltimo Día de Libertad de los Pueblos Originarios de América”, y cuestiona el concepto de Día de la Raza, generado desde la visión de los conquistadores españoles
“El 12 de octubre de 1492 comenzó el saqueo de las riquezas primitivas”, dice el documento que anuncia la ceremonia.
“Junto a la vida de millones de hermanos, se llevaron los metales y piedras preciosas. La crueldad y la codicia se ensañaron también con nuestras tierras y selvas, avanzando sin detenerse, hasta ahora, sobre los últimos tesoros -ya no materiales- que guarda nuestro espíritu interminable”, dice la invitación.
Sin embargo, el texto subraya que quienes sufrieron esa actitud, “aún estamos vivos” y sostiene que “nuestra cultura resiste a pesar de todo; a pesar de la muerte de nuestros suelos, ríos y montes”.
“Sentimos la necesidad de alertar al mundo blanco sobre la destrucción de la naturaleza, que los matará a ellos y también a nuestros hijos. Pedimos la tierra para los pueblos originarios. Y el respeto a sus costumbres”, añade.
“Y antes que sea tarde, decimos que estamos dispuestos a ayudar a los blancos a construir un mundo que nos incluya a todos, para que para todos sea un tiempo y una vida nueva”, propone el documento

12 de octubre: Día de la vergüenza
Fuente: Marcelo Colussi| Argenpress
‘Hemos venido aquí a servir a Dios y al Rey, y también a hacernos ricos’
Bernal Díaz del Castillo
Guatemala, siglo XV
http://www.revistaarabe.com.ar/noticias_12-de-octubre.asp
Hace 514 años el grito que profería Rodrigo de Triana la madrugada de un 12 de octubre desde su puesto de vigía en la Pinta informando de la tierra avistada, cambiaría dramáticamente el curso de la historia. Sus repercusiones siguen estando presentes: son, sin más, el cimiento de nuestro mundo actual.
Más de cinco siglos han pasado desde aquel entonces, y la deuda pendiente no parece llegar a su fin. En un sentido, esa deuda es impagable. ¿Por qué?
El ‘descubrimiento’ de América -dicho desde una lectura interesada de la historia-, o lo que con más precisión podemos llamar ‘el inicio del mundo moderno capitalista’, es un hecho de una trascendencia sin par: inaugura un escenario novedoso que sienta las bases para la universalización de la cultura del imperio dominante, ya a escala planetaria en aquel entonces, mucho más solidificado en la actualidad, cinco siglos después. El imperio dominante era el incipiente -pero ya avasallador- capitalismo europeo: modo de vida occidental, podría llamarse ahora, o libre empresa, o economía de mercado. La llegada de los europeos a tierra americana y su posterior conquista fue la savia vital que alimentó su expansión.
Estas circunstancias de la historia colocan ese encuentro de civilizaciones en la perspectiva de una relación absoluta y radicalmente desigual; en términos estrictos fue más que un ‘encuentro’: fue el sojuzgamiento de una sobre otra. Fue, en principio, una invasión militar, seguida luego de un avasallamiento cultural. Hubo vencedores y vencidos, sin lugar a dudas, por lo que la idea de ‘encuentro’ es demasiado débil, ingenua en el mejor de los casos. O hipócrita. El 12 de octubre marca la irrupción violenta de la avidez europea en el mundo, llevándose por delante -religión católica mediante- toda forma de resistencia que se le opusiera, y haciendo de su cultura la única válida y legítima. En tal sentido, entonces, lo que se produce en ese lejano 1492 es, con más exactitud, un encontronazo. Por cierto, salen mejores parados del mismo los que detentaban la más desarrollada tecnología militar. Y para el caso, fueron los españoles.
Han pasado 514 años desde aquel grito, y ningún habitante originario del continente americano se siente ‘descubierto’. En realidad no hay nada que festejar el 12 de octubre, no hay ‘día de la raza’ o ‘día de la hispanidad’ que venga a cuento. Hay una historia forjada a sangre y fuego, sigue habiendo una herida abierta, y fundamentalmente hay una deuda no saldada.
Por otro lado: ¿qué ‘raza’? La historia la escriben los que ganan, por lo que ese encontronazo de civilizaciones fue contado por los vencedores -los españoles, para el caso- en la forma de ‘hazaña’, de ‘gesta gloriosa’. Seguramente los pueblos americanos no tienen la misma versión. No digamos la población negra de Africa, que más tarde fue transplantada al continente ‘descubierto’ como mano de obra esclava. ¿Cuál es la proeza en todo ello? Si a alguien benefició todo esto, seguro que no fue ni a los africanos ni a los americanos.
Mucho tiempo ha pasado desde la llegada de los europeos al ‘Nuevo Mundo’; la historia siguió su paso, y de aquel momento inaugural del capitalismo hoy tenemos un Norte desarrollado, opulento, y un Sur que se debate en la pobreza y la dependencia. Por cierto que mucho ha cambiado el mundo en estos más de cinco siglos. Que ‘la rueda de la historia haya avanzado’ es una cuestión abierta que llama a la discusión; para las grandes civilizaciones como la inca, la azteca, la maya, no parece que este ‘descubrimiento’ haya tenido grandes beneficios. Para el capitalismo europeo, fue su acumulación originaria, su empuje inicial.
Hoy, 514 años después del grito que comenzaba a cambiar la historia, los pueblos americanos (hay quien los llama ‘precolombinos’), no se han recuperado aún del trauma que significó la llegada ‘del hombre blanco’; de grandes civilizaciones, tan o más desarrollados que los europeos, pasaron a ser mano de obra casi esclava, destruyéndoseles buena parte de su rico acervo cultural.
¿Se puede limpiar esa afrenta?
La historia siguió su curso; la historia oficial, aquella que cuentan los ganadores, intentó borrar esas grandes culturas transformando a sus miembros en ciudadanos de países inventados en estos últimos siglos: los incas pasaron a ser peruanos, los mayas guatemaltecos, los aymarás bolivianos, los aztecas mexicanos, etc. Las tierras saqueadas en la conquista, los recursos robados y enviados a España -que terminaron enriqueciendo a la emergente industria europea-, los miles y miles de vidas de amerindios segadas, la humillación a que se sometió a los pueblos americanos, la postración histórica a la que se les condenó y de la que hoy, como Tercer Mundo, cuesta tanto remontar… ¿se puede resarcir? ¿Quién lo va a pagar? ¿Cómo? La entrega del Premio Nobel de la Paz a la dirigente maya-quiché Rigoberta Menchú el día del 500 aniversario del inicio de la conquista es un buen gesto, pero no basta.
El 12 de octubre, más que día de festejo (¿qué festejar?) debería ser un día de vergüenza humana

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