ETIMOLOGÍA DE UNA CONOCIDA, COMBINADA Y MUY UTILIZADA PALABRA QUE EMPIEZA POR P

diciembre 13, 2013

Etimología de puta http://etimologias.dechile.net/?puta

La etimología de puta es una de las más disputadas del diccionario. Muy probablemente es una mezcla de palabras muy semejantes cuyos significados se han fundido de mala manera en uno solo.

Por un lado tenemos el verbo latino putare, “pensar, juzgar”, del cual derivan otros tan conocidos como imputar “pensar en otro > culpar”, computar “pensar en conjunto > contar”, disputar “pensar por separado > enfrentarse”, reputar “volver a pensar > juzgar la calidad de algo o alguien”. También deriva el adjetivo putativo, “reputado o tenido por padre, hermano, etc. no siéndolo”. De este verbo algunos piensan que podría haber derivado la expresión putata > putada, reputada, es decir, las mujeres de las que se pensaban que eran prostitutas. Pero esta explicación es un tanto rebuscada, y sólo se mantiene para hacer juegos de palabras sobre la reputación de las putas.

Más sentido tiene creer que viene del latín puta, “muchacha”, que a su vez deriva de una antigua raíz pu-, “engendrar, procrear”, y que podemos encontrar en puer “niño”, pubis “región de los genitales”, púber “niño que empieza a desarrollar los genitales”. También nos encontramos con pre-putium, “prepucio”, el colgajo del pene que también se circuncidaba cuando excedía demasiado a los niños grecolatinos, y no sólo a los judíos; así que el prepucio puede indicar lo que existía cuando los pueres “niños” aún no eran putos “muchachos”. Pero por otro lado hay que tener en cuenta que ese mismo verbo del que hemos hablado antes, putare, significaba originalmente “limpiar, aclarar”, del cual deriva el español podar, “limpiar el árbol cortando las ramas”. De modo que el prepucio era lo que estaba antes del corte, de la limpieza del pene, de la fimosis sin anestesia.

Así pues, una puta sería originariamente una muchacha, tal vez esclava o mendiga, que vendía su cuerpo ¿para putar-putear, para limpiar al cliente? Quizá todo lo contrario, porque a la par que putare, los latinos contaban con el verbo putere, del cual deriva el poco usado pudir, “oler mal”. Si les digo que ese verbo estaba emparentado con putrere “pudrir”, y que el adjetivo putridus “pútrido, podrido, corrupto, corrompido” también se podía decir putidus, tal vez entiendan a dónde voy a parar. Una puta sería una pútida, palabra que en lengua romance derivó a putda > putta, y de ahí nuestro pocha. Y teniendo en cuenta que, en italiano, puta se dice putta, lo cual no tendría sentido si viniera del latín puta “muchacha”, creo que la explicación más razonable es que una puta es una putta, sea o no puta: una mujer podrida, sea o no muchacha. Una mujer que se ha corrompido hasta el extremo de vender su cuerpo, y que te puede contagiar su putrefacción en forma de enfermedad venérea.

Pero la mezcolanza entre putta y puta, corrupta y muchacha, se manifiesta en putana, forma catalana que antes también se usaba en castellano: de ahí vienen el castizo putañero, ahora putero. Putana deriva de puta, “muchacha”, y el putañero era el que iba de muchachas, es decir, el mujeriego. Pero debido a la fusión con putta, la putana se convirtió en meretriz, y el putañero en frecuentador de putiferios… o mejor dicho, de prostíbulos. Un putiferio no es una casa de putas, significado que ha cogido por asimilación tal vez con monasterio, “lugar de monjes”, o dicasterio, “lugar de justicia, juzgado”. Putiferio deriva de puti(dus), “podrido, hediondo”, y ferium, palabreja derivada de ferre “llevar” o fare “hablar”: palabrería soez, obscenidad, caca culo pis, en suma.

¿Tenían pudor, las putas? Por un lado diríamos que sí, ya que pudor viene de putor, “hedor”, que es la cualidad de las putidas o puttas. Pero por otro habremos de concluir que no, ya que pudor viene también del latín homónimo pudor “modestia, recato”, que originariamente significaba “vergüenza”. Las putas eran unas impúdicas sinvergüenzas, que lucían sus vergüenzas (o sea, sus partes pudendas) sin mostrarse pudibundas. Hay quien golpea a las putas para excitarse o como señal de dominio. Quizá lo hicieran al principio como medio de inculcarles pudor, ya que esta palabra significaba originariamente “no tener coraje, estar abatido, estar golpeado

http://depalabra.wordpress.com/2006/10/25/puta/


MELANCOLÍA

noviembre 3, 2013

La melancolía era para Aristóteles la enfermedad del genio, un limes ambiguo que le separaba aún de la locura, y, excepto para la Edad Media, en que se consideraba laxitud de corazón o taedium vitae morboso, o para la Inquisición, que la creía pacto con el demonio, así siguió siendo en el Renacimiento y en el Romanticismo. Y la Posmodernidad, según Bartra, es el tercer renacimiento suyo. Poco tiene que ver con depresión y angustia: es conciencia clara e irónica de los límites humanos, su manifestación prototípica es la obra genial, extraordinaria, excepcional, en el campo de la creación que sea: filosofía, política, literatura y artes, enumera Aristóteles; hoy había, quizá, que sacar de esa lista la política, y añadir la ciencia. La ciencia… y la tecnología
CRÍTICA: LIBROS – Ensayo La melancolía del ciborg. Fernando Broncano
Melancolía posthumana http://www.elpais.com/articulo/portada/Melancolia/poshumana/elpepuculbab/20090926elpbabpor_13/Tes


ETIMOLOGÍA DE EMPRESA Y EMPRESARIO (aproximación cultural a estos términos)

octubre 14, 2013

calderón Vázquez, F.J.: “Nota Sobre los Términos “Empresa” y “Empresario”” en Contribuciones a la Economía, septiembre 2008 en http://www.eumed.net/ce/2008b/
Una aproximación cultural a los términos Empresa y Empresario
Una explicatio terminorum al modo de los filósofos medievales sobre el termino empresa podría arrojar bastante luz acerca del concepto de empresa. Por ello, la etimología castellana de la “empresa” puede contribuir, con mucho, a mejorar el perfil de su definición. En este sentido, probablemente sea Sebastián de Covarrubias (1611) (1) el primero de los clásicos de la lengua castellana en realizar una aproximación al concepto de empresa, a partir del termino emprender, del latín apprehendere, cuyo significado básico según Covarrubias es: ….“Determinarse a tratar algún negocio arduo y dificultoso”… de donde deriva la nocion de “empresa”, …“porque se le pone aquel intento en la cabeza y procura executarlo y de alli se dixo empresa el tal acometimiento”…
Por ello empresa tiene mucho que ver con la decisión de acometer, emprender alguna tarea difícil con el coraje, la valentía, la resolución y la obstinación de llevar a cabo tal propósito (2).
Este significado básico y primigenio aparece complementado según el citado autor con el de empresa como emblema o símbolo:
“Y porque los caballeros andantes acostumbraban pintar en sus escudos y recamar en sus sobravestes estos designios y sus particulares intentos se llamaron empresa, y también los capitanes en sus estandartes quando van a alguna conquista”,
De ahí que concluye Covarrubias: … “De manera que empresa es cierto símbolo o figura enigmatica hecha con particular fin, endereçada a conseguir lo que se va a pretender y conquistar o mostrar su valor y ánimo”.
Lo que no hace sino redundar en la ideas del valor, de la determinación, del arrojo, del denuedo, de la audacia y obstinación, y en definitiva, de la fuerza de espíritu, de voluntad y decisión imprescindibles para acometer una tarea difícil y de incierto resultado. En este segundo significado la empresa (como signo) simboliza la disposición inquebrantable del caballero por conseguir su propósito o designio.
Tales significados básicos aparecen como cantera de materiales de las distintas construcciones posteriores, así Martín Alonso (1986) en el Diccionario Medieval Español, considera a la empresa como: “Acción ardua y dificultosa que valerosamente se comienza” o bien como “intento o designio de hacer una cosa”, e incluso “obra o designio llevado a efecto, en especial cuando en el intervienen varias personas”. Tales definiciones complementan y perfeccionan a las de Covarrubias puesto que introducen de alguna manera la perspectiva de organización, inherente a la cultura empresarial.
Martín Alonso (1947; 1982) en su obra “Enciclopedia del Idioma” va a definir la piedra angular, el triángulo básico sobre el que se asienta gran parte del idioma y cultura empresarial, a partir de las interacciones entre los conceptos de Emprendimiento, Emprendedor y Empresa, a partir de su raíz primigenia el término Emprender, cuyos significados básicos serían, por una parte “producir o brotar”, por otra “empezar o acometer una obra o negocio” y por ultimo “arder”.
A partir de aquí Emprendedor es quien “emprende con resolución acciones dificultosas” y Emprendimiento será la acción y efecto de emprender, por lo que la Empresa es el resultado de las acciones del emprendedor, lo que hace el emprendedor (3). Se trata de acciones que aparecen marcadas por lo incierto de su resultado y en este sentido por el riesgo y la aventura, que se configuran como inseparables compañeros de viaje del emprendedor.
Nociones que van a aparecer reflejadas y reformuladas con mayor o menor fortuna en los distintos diccionarios de renombre. Así, el Diccionario general de la Lengua Española (Larousse, 1984) entiende por Emprender: “Acometer alguna cosa resuelta y decididamente con ánimo de ponerla por obra o ejecutarla” y por Empresa: “Acción de emprender y cosa que se emprende”.
En el Diccionario de Uso del Español (Maria Moliner,1973) por emprender se entiende “empezar una cosa que implica trabajo o presenta dificultades”, por emprendedor la “persona que tiene iniciativa y decisión para emprender negocios o acometer empresas” y por empresa: “la cosa que se emprende o acción en la que hay trabajo o dificultad”
El concepto moderno de empresario aparece siguiendo a Gonzalez Seara (2004) (4) en Francia, donde el denominado entrepreneur aparece primero como estratega militar, para posteriormente designar a los contratistas de bienes y servicios para la administración pública. Va a ser Cantillon (1950) (5) quien por primera vez utilice la palabra empresario con un significado moderno, es decir como quien asume el riesgo y la incertidumbre de emprender una determinada actividad económica. En los textos de Cantillon la figura del empresario aparece definida por los permanentes ajustes que debe realizar entre el valor de lo que adquiere (Precio cierto o concreto) y el valor de lo que vende (precio incierto)
A modo de conclusión, no deja de resultar sugestivo, redescubrir en la etimología castellana del término Empresa los valores e ideas que han configurado durante los últimos doscientos años la base de la cultura empresarial del mundo occidental.
NOTAS
1. Covarrubias, S. (1611/1647): Tesoro de la Lengua Castellana o Española. Edición de Martín de Riquer (1998) pag. 509.
2. Significado básico que también aparece corroborado en la lengua italiana, donde la etimología de impresa (impresa/impreso p.p. de imprendere, derivado del latino imprehensa) sigue un camino paralelo al español en el sentido de afrontar, asumir o acometer una tarea que implica dificultad.
3. Recuperando y replicando la raiz latina del termino empresa , es decir la Imprehensa, (cogida o tomada) y sus correlatos italianos Impreso e Imprésa como participios pasivos de Imprendere.
4. Gonzalez Seara, L.(2004) : la responsabilidad social de la empresa. En Revista del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Nº 50, pags. 13-20.
5. Cantillon, R. (1950): Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general. Fondo de Cultura Económica, Méjico. Traducción de M. Sánchez Sarto, incluye el estudio de Jevons(1881) sobre la obra de Cantillon.
http://www.eumed.net/ce/2008b/fjcv.htm


ETIMOLOGÍA DE PARTES PÚDICAS (la del macho comienza por p y la de la hembra por v)

agosto 22, 2013

La palabra pene deriva del latín penis, cuyo significado original consideraban los romanos que era “rabo”, y que servía como nombre genérico que englobaba los dos que poseen los animales machos, con preferencia por el posterior, en especial a propósito de los bueyes y caballos.
Los hombres piensan en el pene y también con él, una metáfora que se hizo realidad cuando se diseccionó la primera cabeza y se descubrió que tenían un pene en el cerebro: el llamado tercer ojo, glándula pineal o, técnicamente, epífisis, que en muchas culturas se considera la sede del alma. Pero también lo tienen las mujeres en su mente, así como entre las piernas, como bien sabían los antiguos, que hablaban del penis muliebris
De manera que de penis surgió el diminutivo peniculus, con el significado de “colita”, o más bien, “cepillo, escobilla”, y que por supuesto también servía como juego de palabras con “micropene”. A su vez, esta palabra produjo su propio diminutivo, penicillum, “brocha”, que en puridad no es sino una escobilla que sirve para decorar con primor las paredes y luego los lienzos, y que por tal razón solía elaborarse a partir de suaves crines en vez de burda pelambrera de rabo. El penicillum se corrompió en el latín vulgar como penicellum, que derivó en el francés peincel > pincel, del cual provienen el homónimo español y el inglés pencil. Pero el término original fue rescatado por la ciencia para denominar un hongo con un largo filamento piloso: el penicillium notatum, del cual se consigue la penicilina, que ya ven que etimológicamente significa “extracto de pene”
El equivalente griego de pesnis no es el falo, que hace referencia al pene enhiesto y poderoso, sino el vacilante peos, que se presume derivado de pehos < pesos. De él proceden una serie de neologismos que seguramente no han oído en su vida, pero que les invito a memorizar: peotomía, que es una variante de penectomía, “amputación del pene”; peodeictofilia, cuya definición técnica es “afición por mostrar el pene a extraños”, sea para provocarles sorpresa, miedo o risa, lo que se conoce por exhibicionismo; o la peotilomanía, que no es más que la costumbre de tocarse los huevos, o dicho de manera científica, “tic nervioso que consiste en tocarse el pene constantemente, pero sin intención de masturbarse”…. Existen neologismos:
postectomía, “corte del prepucio”, que no es sino la circuncisión o la operación de fimosis, postitis, “inflamación del prepucio”, y apostia, “falta congénita de prepucio”. A su vez, prepucio viene del latín praeputium, cuyo origen no está claro. Para unos sería un compuesto de la preposición latina prae “delante de” y del griego posthion con el sentido de “pene”, deformado en praepottium > praeputium por influjo de putus, “muchacho”, palabra que ya vimos al hablar de las putas; de manera que el prepucio sería lo que está delante del pene, es decir, el akroposthion griego. Sin embargo, otros derivan putium del verbo putare, “pensar”, pero cuyo significado original era “cortar, limpiar”; así que praeputium significaría “antes de la limpieza [del pene]”, tanto ritual como médica, que era lo que se pretendía al cortar el prepucio. Mientras que otros, finalmente, derivan putium de otra raíz indoeuropea paut-, que significa “pene”, pero también “vulva” y “ano”… pero esa raíz (PS: pissar) no fructificó por considerarse obscena y demasiado explícita, y se sustituyó por el más disimulado hacer pis. Pero se conservó la pissa, el instrumento que sirve para tal fin, que en algunas regiones evolucionó a pixa > pija, y en otras a pisha > picha.
El plural de penis es penes, que en la falocracia romana, cuya sociedad se basaba en el poder omnímodo del pater familias, también funcionaba como preposición con el sentido paternalista y aun machista de “en poder de, en manos de, perteneciente a”. Pero en realidad estamos ante una confusión de palabras homónimas, puesto que este penes no procedía de los penes, sino de los padres, a través de una raíz pa- o pe- que significaría “proteger, dominar”, y también “alimentar, sostener”. Los padres acogían en su casa a sus hijos, esposa y nueras, a fin de darles protección y sustento, al tiempo que afianzar su dominio sobre ellos. De ahí que naciera el sustantivo penus con el sentido de “víveres, provisiones”, que como solían guardarse en una despensa situada en un lugar recóndito de la vivienda, pasó a adquirir el sentido de “interior de la casa”, y por extensión, el hogar e incluso la patria, y todos cuantos en ella moraban. Así, la protección y bienestar del hogar y la familia, incluido el pater familias, se encomendaba a los Penates, los dioses del penus, a quienes se consagraba un santuario situado en la parte más profunda de éste. De igual manera, de penus nació también el adverbio penitus, “muy adentro, profundamente”. En latín, los adverbios de lugar suelen diferenciar entre el sufijo -itus, que da un sentido estático, y -tro o -tra, que indica movimiento: por ejemplo, junto a intus, “en el interior”, tenemos intro, “al interior”, del cual nació intrare “entrar, ir o llevar al interior”; y del mismo modo, junto a penitus, “en lo profundo”, habría existido un supuesto penitro o penitra “hasta lo profundo”, que habría dado lugar a penitrare o penetrare > penetrar, “internarse profundamente”. En un principio, penetrar hacía referencia a llegar al interior de un espacio o a través de cualquier entrada, por muy ancha que ésta fuese. Pero al llegar a las profundidades de la tierra o de un cuerpo la materia es más densa, las paredes se comprimen, y el objeto penetrante necesita una forma afilada y un gran impulso para seguir avanzando: de ahí que el significado se ampliara a introducirse por un conducto estrecho e incluso microscópico, como los poros de un tejido o piel. Sentimos cómo penetra el calor en nuestra piel, y en nuestra mente el deseo de sentir la penetración hasta que llegue al penetralis, “lo íntimo, profundo”, de donde vienen los penetrales, la parte más recóndita de una casa, y por extensión, del corazón o de otro rincón del cuerpo, y luego de cualquier cosa. Y en última instancia ambas pieles en contacto podrán compenetrarse, porque aunque una no penetre en la otra sí lo harán el sudor y demás fluidos, que fluirán por los poros hasta influirse mutuamente, y poder adoptar así la misma postura
Leer todo en http://depalabra.wordpress.com/2007/04/03/pene/

Sandra Ramos ha trabajado en un artículo [Habis 36 (2005), 407-421] sobre el origen etimológico de los “testiculi”, y más en concreto sobre su uso erótico-jocoso en el “Testamentum Porcelli” (anónimo del s. IV d.C.). En dicho texto el lechón lega al cocinero-matarife su POPIA et PISTILLVM (=”cucharón” y “maza o majadero del mortero”), que, siguiendo con el tono cómico del testamento, se refiere a sus “testículos y su pene”, en la misma línea del “Testamentum domini asini” del s. XIII donde el asno lega a las viudas su “priapum… una cum testiculis”.
>>El nombre más antiguo para designar los testículos en latín es quizá “colei”, relacionado con “culeus” (“odre”). “Testes”, plural de “testis”=“testigo”, ejemplifica la tendencia a personificar el órgano masculino o sus partes (cf. gr. parastátee”, propiamente, “asistente”, “compañero de armas”). La formación de “testis” era explicada por los propios romanos como “qui tertius stat”, es decir, el que asistía en un litigio como un tercer elemento entre dos en discordia. El origen sería pues *ter-st-is (cf. E. Pingarrón, “Étimos latinos”, p. 255).
Según Antonio D. Tursi (http://www.salvador.edu.ar/ua1-4-iusro.htm) el “testigo” (“testis”) era alguien de conocimiento por al menos una de las partes. La etimología que acerca “testis” a testiculi “testículos” no puede sostenerse y solo aparecen los dos términos vinculados en Plauto, comediógrafo del siglo III-II a.C., que hace un juego de palabras con sus sonidos parecidos.
>El derivado “testiculus”, diminutivo para Adams, sin valor diminutivo para André, está especializado en sentido anatómico, por lo que aparece especialmente en la prosa científica.
>>Otras denominaciones para esta parte del cuerpo son: “nefrendes, nefrones, nebrundines” (por la semejanza en forma y por su pareja con los riñones); “proles”, eufemismo según ARNOB. nat. 7, 24; “polimina”, que Arnobio cita en el mismo pasaje que el anterior, se aplicaba estrictamente a los testículos del cerdo (cf. et PAVL.FEST. p. 267.9: “pulimenta testiculi porcorum dicuntur”), de etimología no muy clara, pero se relaciona con “pol(l)ire” (“jugar a la pelota”), o bien con gr. “pálla” (“pelota”), gr. “pálloo” y quizá “pello”.
>>Adams cita un grupo de términos para referirse al órgano sexual masculino relacionados con “tools, implements, vessels” . Entre ellos menciona “uas” (lit. “recipiente, vasija” con dos asas) referido a los testículos en PLAVT. Poen. 863. Es muy posible, pues, que el “POPIA” del “Testamentum porcelli” esté en esta línea de utensilios o recipientes culinarios que se refieren por su semejanza a los órganos sexuales.
>Chistosa la historia, pero según entiendo la palabra “testigo” viene del antiguo ibero “testiguar”, el cual viene del latín “testificare”, y “testificare” está compuesto de “testis” (testigo) y “facere” (hacer). No sé porqué el ibero no tomó “testigo” directamente de “testis”. Por otro lado, “testículo” viene de “testiculus” compuesto de “testis” (testigo) y el sufijo “-culus” que es usado para el diminutivo. Así que los “testículos” son los “pequeños testigos
http://boards4.melodysoft.com/app?ID=srmplinio&msg=24&DOC=61

Nota: ahora hay un “pérfume” llamado vulva. Leer en http://www.eldivanrojo.com/2008/03/el-olor-de-la-vulva-ahora-en-locin.html

http://javimoya.com/blog/2006/04/27/curiosidades-cientificas-y-alguna-etimologica/

http://es.wikipedia.org/wiki/Lenguaje_soez_en_lat%C3%ADn

La última vez que estuve dentro de una mujer fue cuando visité la estatua de la Libertad. Woody Allen. Es probable que ningún cómico, salvo Groucho, haya sido tan citado como Woody Allen. Graham McCann


PERVERSIÓN Y PARAFILIAS

agosto 20, 2013

Introducción. Debido a la variada utilización popular y profesional, el término perversión presenta interminables dificultades. En particular porque se relacionó (erróneamente) con supuestas “desviaciones” sexuales. Concepción desechada en la actualidad. En este sentido la psiquiatría y psicología adoptaron para las situaciones relacionadas con lo sexual “disfunciones” o directamente “parafilias”. En este sentido los manuales de diagnóstico de los trastornos mentales (DSM-IV y CIE 10)) desechan la denominación de perversión. El caso del psicoanálisis se convierte en una lectura particular, porque desde la perspectiva del psicoanálisis, la perversión se aleja de las parafilias y toma valor como una de las tres grandes estructuras nosográficas: psicosis, neurosis y perversión. Cabe diferenciar al psicoanálisis francés de otras posturas, por ejemplo de aquellas que sostienen una linealidad continuada de patologías de las cuales es posible entrar o salir.
http://www.clinicapsi.com/perversiones.htm
Perversión, término derivado del latín perversio, ‘desvío’, ‘aquello que se aparta de la vía o camino común’, y que, en el lenguaje habitual, se aplica a diferentes conductas sexuales que la sociedad considera anormales o desagradables; en psicología, este concepto tenía en principio el mismo significado, pero últimamente se está comenzando a utilizar en relación con una conducta violenta.
En un principio se entendía por perversión cualquier forma de práctica sexual que no estuviera enmarcada (o no exclusivamente) dentro de lo admitido en una pareja de ambos sexos. En el marco de esta definición, hasta hace muy poco tiempo se consideraban perversas la relación entre personas del mismo sexo (véase Homosexualidad) y el placer solitario o masturbación. En la investigación sistemática del comportamiento “perverso” influyó de forma importante la obra Psicopatías sexuales (1886) del científico Richard von Krafft-Ebing, en la que se expone un amplio caleidoscopio sobre presuntas perversiones todavía en uso.
El neurólogo Sigmund Freud entendía la perversión como una forma de comportamiento ancestral y definía al niño con su sexualidad normalmente reprimida como “polimórficamente perverso”, ya que, al no encontrar un campo de acción adecuado para su ya existente impulso sexual, en el niño conviven varias formas posibles de realización de su deseo. Según esto, sólo puede hablarse de una verdadera perversión si el adulto queda anclado en esta primera etapa de desarrollo sexual, dando lugar a una fijación que, según el psicoanálisis, conduce no sólo a un comportamiento sexual desviado, sino también a una neurosis. En realidad, las perversiones reales o aparentes (definidas por la generalidad) pueden dificultar considerablemente la vida sexual del individuo en cuestión o de su pareja.
Desde el punto de vista del diagnóstico psicoclínico, hoy ya no se designan como perversas las formas inusuales de sexualidad; sólo son consideradas como un problema psíquico si generan desequilibrio en las personas que las practican o en aquellas con las que se realiza el intercambio sexual.
Existen diferentes grados dentro de los comportamientos llamados perversos: voyeurismo y exhibicionismo, fetichismo, sadismo, bestialismo o zoofilia, necrofilia y pedofilia. Roland Barthes, hablando de El placer del texto (traducción de Nicolás Rosa) y del ejercicio de la lectura, ha aplicado conceptos del psicoanálisis y de la lingüística y, de ese modo, ha ampliado el marco para la comprensión de fenómenos como el erotismo y la perversión: “¿El lugar más erótico de un cuerpo no es acaso allí donde la vestimenta se abre? En la perversión (que es el régimen del placer textual) no hay “zonas erógenas” (expresión por otra parte bastante inoportuna); es la intermitencia, como bien lo ha dicho el psicoanálisis, la que es erótica: la de la piel que centellea entre dos piezas (el pantalón y el pulóver), entre dos bordes (la camisa entreabierta, el guante y la manga); es ese centelleo el que seduce, o mejor: la puesta en escena de una aparición-desaparición”. Véase también Mito y conducta sexual.
Perversión y estética. Autor. Pedro Alzuru. La perversión se define clásicamente como desviación del instinto sexual. Su estudio sistemático se ha propuesto una clasificación descriptiva, una nomenclatura de las perversiones. Encontramos que la perversión concierne al objeto sexual: la pareja sexual elegida puede ser un individuo del mismo sexo, muy joven o muy viejo y hasta un cadáver. El objeto sexual puede igualmente ser un animal, la ropa, zapatos y objetos del otro sexo, el perverso puede también ponerse estas vestimentas. La práctica sexual misma puede pervertirse: mostrar los órganos genitales, buscar el sufrimiento de la pareja, erotizar el propio sufrimiento, la participación de un tercero o de varios en el acto sexual, la multiplicación de estos actos, la mezcla de la orina y las heces en estos actos, etc. Sin olvidar que estas prácticas frecuentemente se asocian unas con otras.
Esta enumeración constituye en sí misma una interpretación implícita de la perversión, pues supone un orden natural del instinto sexual que sería definible en comparación con las prácticas de los animales o a través de investigaciones estadísticas. Toda desviación estaría entonces ligada a un substrato orgánico, a una degeneración constitucional que conviene distinguir de los otros estigmas morfológicos o morales y que probablemente se origina por transmisión o debido a una predisposición hereditaria.
Esta psiquiatrización de la perversión está viciada en su método, son médicos y abogados los que han hecho esta clasificación con el objeto de responder a los problemas médico-legales resultantes de los actos delictivos y criminales cometidos por los perversos.
La aparente objetividad de tales estudios está marcada por la presión judicial y social que pesa sobre el observador, toda descripción, por otro lado, contribuye a definir al perverso como distinto al observador (el médico, el juez, la gente honesta), es decir alienarlo, patologizarlo, satanizarlo. Pero no solamente la referencia a un instinto sano, propio de la mayoría de la gente, permanece indemostrable, sino que además es una observación común que toda vida sexual calificada de normal implica prácticas tomadas en mayor o menor grado de fantasmas y actos perversos. Una sexualidad que pretenda coincidir exclusivamente con el fin de la reproducción no puede ser sino producto de fuertes inhibiciones que llevan a desconocer lo que la pulsión sexual implica de ciego y desbordante. Desde esta perspectiva, la abstinencia y el celibato son perversiones.
El estudio de las perversiones se aborda con mayor provecho a través de la lectura de las obras escritas por los mismos perversos y por aquellos que han sabido reconocer en ellos al prójimo: Sade, Masoch, Jean Genet, Georges Bataille, Gilles Deleuze, etc (LA LISTA ES LARGA Y SE ESPERAN CONTRIBUCIONES Y CONTRIBUCIONES AL TEMA, POR FAVOR)
De aquí en adelante están: La estructura perversa; psicoanálisis de las obras; matriz significante de la obra; la ascesis analítica; arte y trasgresión
Leer todo en http://vereda.saber.ula.ve/estetica/gie/pedroalzuru.htm
Nota: Una parafilia (del griego pa, pará: ‘al margen de’, y filía: ‘amor’) es un patrón de comportamiento sexual en el que la fuente predominante de placer no se encuentra en la cópula, sino en alguna otra actividad. Las parafilias se consideran inocuas salvo cuando están dirigidas a un objeto potencialmente peligroso o dañino para cualquiera de las personas involucradas en el acto sexual y por el desorden en la capacidad de sentir y expresar afecto hacia otra persona que puede llegar a hacerse duradero y extremadamente difícil de reconducir.
Las consideraciones acerca del comportamiento considerado parafílico dependen de las convenciones sociales imperantes en un momento y lugar determinados. Ciertas prácticas sexuales, como el sexo oral o la masturbación fueron consideradas parafilias hasta mediados del siglo XX, aunque hoy en día se consideran prácticas no parafílicas (siempre que la actividad del sujeto no se limite únicamente a ellas). Por ello resulta imposible elaborar un catálogo definitivo de las parafilias.
Las definiciones más usuales recogen comportamientos como el sadismo, el masoquismo, el exhibicionismo, el voyeurismo, la zoofilia, la coprofilia, la necrofilia, el fetichismo y el frotismo. En cuanto al origen de las parafilias, no se ha podido demostrar la existencia de ninguna alteración orgánica o psicológica que las explique