ANTANAS MOCKUS EL IMPREDECIBLE

mayo 15, 2010

C

Antanas, el impredecible

Antanas, el impredecible

http://www.colombiaelige2010.com/noticia/antanas-el-impredecible

Si en algo coinciden quienes conocen a Mockus es en su transparencia. Sus contradictores dicen que es polarizante.

La escena se repite una y otra vez. Colombianos con ilusión en el rostro y lápices en las manos gritan efusivamente: “Mi presidente, mi profesor”. Para Antanas Mockus no se trata de cualquier arenga. De ser profesor se desprende lo más importante de su vida: el conocimiento, la política y su gran amor.

Corrían los años 70 cuando Mockus, después de su pregrado y maestría en matemáticas en la Universidad de Dijón (Francia), regresó al país como catedrático de la Universidad Nacional, donde al tiempo hizo una maestría en filosofía. Allí conoció a Carlos Augusto Hernández, hoy su amigo del alma. “Andábamos melenudos y en bicicleta. Teníamos ruanas grandes, la gente pensaba que vestirnos como hippies implicaba que éramos hippies. Antanas no aclaraba nunca que él no podía serlo. No podía fumar marihuana porque tiene el cuento de que no usa cosas que le hagan daño”, recuerda Hernández.

La pasión por la educación los terminó de unir cuando crearon el grupo Federici, dirigido por el profesor italiano Carlo Federici, con el objetivo de investigar, precisamente, sobre la educación. El hecho coincidió con una propuesta de reforma curricular impulsada por el Ministerio de Educación que el grupo criticó por quitarle autonomía al educador. Algo tenían que hacer.

En medio de la agitación de aquella lucha, en 1982 nació el Gran Movimiento Pedagógico. Con Fecode y sin buscar reivindicaciones económicas se movilizaron por la enseñanza. La propuesta fundamental era “la educación es comunicación”.

Un par de cosas caracterizaban al Antanas de entonces. Uno, la capacidad incansable de trabajo —podía deliberar hasta las 3 de la mañana y a primera hora del día siguiente aparecer con más tareas hechas—. Dos, compartía  los logros académicos —si alguien le ayudaba al menos con un comentario de sus textos, él no tenía problema en darle crédito—. Era generoso.

Pero la crítica de Mockus no sólo tenía como blanco el Ministerio de Educación. Años después, sus insistentes preguntas sobre la verdadera misión de la Universidad Nacional motivaron que el rector, Ricardo Mosquera Mesa, lo invitara a ocupar la vicerrectoría. Era un contestatario para muchos.

Ya sobre los años 90, el entonces ministro de Educación, Alfonso Valdivieso, se sorprendió tanto con el matemático que le contó al presidente César Gaviria de sus habilidades. A su favor se juntaron dos situaciones: el período de Mosquera estaba concluyendo y eran tiempos en que el Ejecutivo nombraba al rector. Como resultado, el mandatario liberal decidió darle el cargo al profesor de ascendencia lituana. Hubo un cambio drástico de imagen. Antanas se cortó el pelo, dejó los jeans y se puso traje y corbata. Algunos creen que nunca volvió a ser el mismo que se reía a estruendosas carcajadas desde su oficina.

El economista Salomón Kalmanovitz formó parte del grupo que craneó las reformas de la Nacional. “Yo decía que eso era neoliberalismo y en el grupo hubo una posición de que una universidad más ligada al mercado también estaba más ligada a las necesidades sociales. Eso se probó cierto y fue muy exitoso”. Decidieron que había muchos estudiantes estrato 3 y 4 que podían pagar una “modesta” matrícula y en adelante los nombramientos de los profesores se hicieron por convocatorias internacionales.

Fue una dura batalla en medio de la cual ocurrió su acción más recordada. Era el año 1993. En el Auditorio León de Greiff los estudiantes no dejaban hablar. En medio de las rechiflas y las críticas, el rector decidió bajarse los pantalones y mostrarles las nalgas para silenciar al público. No era su primera excentricidad. Se rumoraba que se había cogido los genitales en público y que había usado una espada de plástico para pelearle al Gobierno por recursos para el alma máter. Sus compañeros cuentan que fue un episodio muy doloroso para él. Nunca pensó que lo iban a filmar y eso lo “descuadró mucho”, hasta el punto que se vio obligado a renunciar.

Su polo a tierra

En palabras del noruego Jon Elster, uno de los filósofos favoritos del hoy candidato por el Partido Verde, “sin emociones la vida sería gris”. Por eso, aunque dejó la rectoría, Antanas no quiso dejar de enseñar. Un día cualquiera El Profe, como le dicen, citó a un grupo de estudiantes a su casa, o más bien a la casa de Nijole, su madre.

Asistieron, entre otros, Adriana Córdoba, una joven representante del Consejo Superior del Colegio Mayor de Cundinamarca que estudiaba trabajo social. Un año atrás, Adriana había visto a Mockus en una de sus tantas charlas con estudiantes y quedó impresionada al conocer “a un hombre de tanta inspiración”. Ese día la lección fue: todos deben hablar para enseñar algo y todos deben escuchar para aprender algo.

En aquel nuevo encuentro, ante la ausencia de varios invitados al coloquio, Adriana y Antanas pudieron conversar. “Me preguntó acerca de lo más impresionante de mi labor. Le dije que la actitud de la gente para levantarse después de caerse. Él dice que con la respuesta quedó flechado”, cuenta la mujer, su esposa desde hace 15 años. El día les alcanzó para ir a la universidad, lavar el Renault 4 del profesor y hasta tomar café.

Adriana descubrió con cada detalle que Antanas no era un hombre común. Nunca hubo un noviazgo, en principio fue una amistad marcada por detalles y algunas dudas. Hasta que Antanas le propuso vivir juntos. Se mudaron a la casa de Nijole, una residencia en el barrio Quintaparedes de Bogotá donde la tradición eran los libros y los conciertos de música clásica.

En esa convivencia, la estudiante descubrió que a su esposo lo educaron para trabajar también con las manos. Ayudaba con cada cosa mecánica y eléctrica que se dañaba. Era fuerte y le ayudaba a su mamá, artista de profesión, a cargar las pesadas esculturas que hacía. Así transcurría la cotidianidad, hasta 1995 cuando  sus vidas se transformaron por completo: llegó por primera vez a la Alcaldía de Bogotá.

Meses después, en una emisora, el mandatario local anunció su matrimonio. Adriana no lo sabía. Era una propuesta tipo Aurelijus Rutenis Antanas Mockus Sivickas que incluía tres requisitos: que los sueños se volvieran realidad, que en la diversidad pudiera haber armonía y que formara parte de un ritual. En chiste, la trabajadora social sugirió un circo. Él no lo dudó y en enero de 1996 las cámaras del país captaron una boda con elefantes, acróbatas y payasos.

Ese día se cumplió la fantasía de quien a los 7 años de edad recibió de su padre —Alfonsas Mockus—, la estampa de una hermosa y escultural mujer que trabajaba en el circo de un pueblo cercano a la capital. Probablemente los ciudadanos no se sorprendieron con la peculiar boda. Al fin y al cabo, Antanas es un hombre excéntrico, cualidad que se reflejó en su campaña y su administración, y que ha marcado toda su vida pública.

Un político particular

Enrique Peñalosa, su competidor en la contienda del 95, recuerda que ver a Mockus era como ver a Madonna. “Un mega símbolo”, dice. La primera vez que el profesor le lanzó un vaso de agua a alguien fue, precisamente, a Peñalosa, quien animado por un auditorio de aproximadamente 300 estudiantes de la Universidad Javeriana, le respondió con la misma moneda, claro que su vaso estaba más lleno. “En esa época yo pensaba que era etéreo. Pensaba en el cuento del emperador que va desnudo, nadie entendía pero todos lo admiraban”, relata.

Su equipo de trabajo en la Alcaldía era mayoritariamente femenino, tal vez por la influencia de su madre, que crió sola a Antanas y a su hermana, Ismena, pues su padre falleció en un accidente aéreo. Convocó a Liliana Caballero, Alicia Eugenia Silva y a Carmenza Saldías. También lo acompañaron la actual embajadora de Colombia en Washington, Carolina Barco; la ministra de Educación, Cecilia María Vélez, y la ex canciller, María Consuelo Araújo.

Cuando Carmenza Saldías llegó como secretaria de Hacienda de Bogotá sólo conocía del profesor lo registrado por los noticieros. “Desde el primer minuto que lo vi, sentí admiración por ese ser transparente y ético. Es de los que nunca pone la jerarquía por encima de los demás. Siempre dispuesto a cambiar de idea si un argumento lo convence”.

Pero entre argumento y argumento, las trasnochadas se volvieron constantes en el Palacio de Liévano. Saldías recuerda que Mockus ni siquiera se preocupaba por comer cuando estaba debatiendo. Aunque hay algo con lo que su ex secretaria de Hacienda no está de acuerdo: “Él no asumía, ni asume, posiciones defensivas. Nunca aclaraba las cosas que inventaban de él. Lo bueno era que no se dejaba sacar de casillas”.

Con cada mujer de su gabinete, El Profe tuvo una relación laboral diferente. Alicia Silva dice que más que su secretaria de Gobierno, parecía su hermana. Y se apresura a aclarar que es mentira aquel chisme de que la señora Nijole influye en todas sus decisiones.

Cuando Antanas renunció a la primera alcaldía para aspirar fallidamente a la Presidencia de la República, en 1998, Silva decidió acortar su estadía en el cargo. En 2001, después del acto de perdón por abandonar su designación, el profesor volvió a gobernar la capital y Alicia Silva lo acompañó de nuevo, esta vez como su secretaria privada. Sus consejos iban desde lo político hasta lo más sencillo, como pedirle que se aprendiera el nombre de las personas que lo custodiaban.

Hoy, en la recta final por la campaña presidencial 2010-2014, Alicia Silva es poco optimista: si Antanas llega a gobernar por un tiempo habrá un enfrentamiento muy duro entre el Legislativo y el Ejecutivo. “A los políticos no les gusta que no les ofrezcan contratos”. Entonces, prosigue, a Antanas no le quedará otra opción que invitar a creer en la democracia deliberativa.

Ese no es el único reparo de su ex compañera de gabinete. “A Antanas no le gusta que yo le diga que se hizo un poco el bobo con la gente que estaba metiendo a las listas al Congreso de la República. Se pegó a los verdes y dejó que le hicieran conejo porque los directivos son los mismos de siempre. Sólo me tranquiliza pensar que el Antanas que conocí no haya cambiado”, dice Silva.

Por el contrario, el físico Paul Bromberg Zilberstein, quien asumió las riendas de la Alcaldía cuando Mockus renunció, cree que el matemático sí cambió radicalmente. Primero, ve que dejó de ser un hombre fresco y animado. Seguramente sus 58 años no han sido en vano. Pero además está muy ocupado como para tener amigos.

De todas maneras, Bromberg confiesa que va a respaldar la ola verde, pero con miedo porque esta vez “Mockus sí va a ganar”. ¿Miedo?, según Bromberg porque el ex alcalde no conoce gente en las regiones y le va bien con la Policía pero no tanto con el Ejército. “Es un hombre polarizante que no se caracteriza precisamente por convencer al otro. Votaré por él con menos entusiasmo que quienes lo van a abandonar un mes después de ser elegido. La gente cree que todo va a ser muy fácil, pero él no sabe qué es el gobierno a nivel nacional”.

Para el físico, lo censurable del Partido Verde es que haga alarde de ser un proceso diferente. Para él, la única verdad es que la Alianza Social Indígena, que lo había apoyado en ocasiones anteriores, ya estaba ocupada.

“Un mega símbolo “

En Pereira citan a una rueda de prensa con el candidato verde a las 2 de la tarde. Él llega a las 3. “Siempre pasa”, cuenta un miembro de su campaña. Toda persona que lo ve pasar quiere una foto a su lado y él nunca se niega.

El Profe tiene una gran acogida con las mujeres, que siempre quieren abrazarlo y halagarlo. “La gente no se lo imagina, pero es muy coqueto, claro, un coqueto muy gentil y respetuoso. Tiene su fanaticada femenina grande”, cuenta Henry Morrain, uno de sus estudiantes de la Nacional. Y el mismo candidato lo confiesa: “A veces mi pecado es desear la mujer del prójimo”.

Camina lento, muy lento. Siempre sonríe. Su párkinson parece estar controlado. Para demostrarlo, él hace sus manos visibles cada vez que puede. Una gripa mal cuidada, según sus asesores, es lo único que lo afecta en este momento. En privado tose con frecuencia. Cuando sube a su camioneta para trasladarse de un evento a otro guarda silencio y duerme.

Llega a la Plaza Cívica Ciudad Victoria. La muchedumbre se lanza sobre él. Es un tenso momento para sus escoltas. Su corazón se acelera y no falta quien llore, incluso él. Es tímido, en eso coinciden quienes lo conocen, pero cuando sube a una tarima se transforma. Sube gritando y brincando porque no sabe bailar. “Vinimos porque quisimos, no nos pagaron”, “por un país decente Mockus Presidente”, suenan las arengas. Antanas se acuesta en el piso y se toma fotos con la gente. Invita a los lugareños a hacer el ejercicio de la confianza, que consiste en dejarse caer en brazos de otra persona. Levanta su lápiz y sueña.

El clamor de la gente contrasta con algunos sectores de opinión que lo acusan de recular constantemente en sus ideas y de no tener un discurso claro. Como su sombra siempre permanece Liliana Caballero, ex secretaria general de la Alcaldía, ahora gerente de la campaña. Le dice cosas al oído. Cuentan que ella es determinante en las decisiones de la campaña.

Curiosamente, a su derecha siempre lo acompaña Enrique Peñalosa y a su izquierda Luis Eduardo Garzón. Lucho hace chistes y da recomendaciones. “Hoy Santos le tiró el teléfono a Darío Arizmendi. Acuérdese Antanas, nunca hay que perder el control”, le susurra al oído. El Profe es un hombre que escucha consejos, le gusta mucho una frase de Carlo Federici Casa: “El hombre no es un dato; el hombre es una tarea para el hombre, es tensión, es anticipación, es… un siendo”.

Andrea Forero Aguirre


UNIVERSIDAD, EDUCACIÓN SUPERIOR

agosto 2, 2009

Este post es referido al tema de la universidad, la educación superior y aspectos relacionados. Comienza con un post llamado LA UNIVERSIDAD DEL FUTURO (nota corta) que fue publicado en primero de junio. Ese mismo ustedes pueden encontrar muchos artículos en http://lacomunidad.elpais.com/cortesamador/2008/11/28/la-universidad-del-futuro-nota-corta-

La información sobre el resto de los artículos la pueden encontrar en http://lacomunidad.elpais.com/cortesamador/archive/2009/6